Estrategia Internacional para la Reducción de Desastres
América Latina y el Caribe  

Revista EIRD Informa - América Latina y el Caribe
Número:13 -2006 -12/2006 - 11-/2005 - 10/2005 - 9/2004 - 8/2003 - 7/2003 - 6/2002 - 5/2002 - 4/2001- 3/2001 - 2/2000 - 1/2000

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Brasil
Los desastres ambientales en los nuevos polos urbanos brasileños: desafíos para la Defensa Civil


En las últimas décadas, la acelerada expansión urbana en Brasil ha demostrado que la vulnerabilidad humana y los desastres ambientales no solo son cada vez más frecuentes y graves, sino indisolubles. En su interacción, el medio biofísico y el sociocultural se degradan mutuamente, poniendo en peligro la calidad de vida—cuando no la vida misma—de la población.

Ello plantea nuevos desafíos para las instituciones de Defensa Civil. Aunque éstas agradecerían, por supuesto, un mayor apoyo político y financiamiento para responder a los desastres y emergencias en sus localidades, lo que más quisieran es tener voz y voto en cómo se genera el conocimiento científico relativo a la gestión del riesgo.

Una combinación catastrófica

Los desastres más comunes en Brasil, los hídricos y meteorológicos, trascienden las fronteras espacio -temporales de la estación lluviosa. Las lluvias, claro, caen sobre determinada localidad, pero es el movimiento de las aguas pluviales a través de la cuenca hidrográfica—en conjunción con la conducta humana—el que determina dónde ocurrirá el desastre.
El inadecuado ordenamiento territorial de las cuencas agrava la vulnerabilidad. No solo afecta los asentamientos nuevos, sino también los antiguos. Unos y otros mantienen una relación sistémica que enlaza y modifica los riesgos a que están expuestos. Del mismo modo, el riesgo urbano no responde únicamente a circunstancias ambientales preexistentes, como las características geomorfológicas de la zona.

La impermeabilización del suelo por el concreto y asfalto, junto con el surgimiento de asentamientos masivos en áreas de manantiales, es una combinación catastrófica que provoca aludes e inundaciones, acabando con las posesiones, el sustento, y hasta los sueños y la vida de muchos. No se trata de procesos puramente físicos, sino también económicos, sociales y culturales.

Pequeñas tragedias particulares

Centrados en ciudades de mediano tamaño, particularmente en el Estado de Sao Paulo, los nuevos ejes de expansión brasileños atraen a grupos humanos cuya incorporación social y económica a la zona se da de manera irregular y precaria.

El asentamiento de la periferia urbana ocurre sin planificación, ni mucho menos el otorgamiento de un título de propiedad. La falta de infraestructura básica—de electricidad, agua y saneamiento, salud, educación, transporte público y otros—compromete la satisfacción de las necesidades vitales y sociales de la población.

Incluso si los han golpeado de primera mano desastres ambientales, como la pérdida de parte de sus bienes debido a una crecida, es raro que los tránsfugas del campo a la ciudad comuniquen a Defensa Civil sus pequeñas tragedias particulares. Evidentemente, esto lleva a que se subestime el impacto de tales eventos. Pero lo más grave de todo es la constatación del hecho de que las nuevas oleadas de residentes pobres se sienten incapaces de identificar y establecer contacto con las instituciones que podrían garantizar sus derechos de ciudadanía.

Por otra parte, muchas de las ciudades en expansión carecen de oficinas de Defensa Civil. En aquellas donde sí existen tales entidades, éstas sufren un déficit crónico de equipamiento y recursos humanos, menguando su capacidad de prestar un servicio público eficaz.

La producción del saber para la gestión de riesgos

Para Defensa Civil, los desafíos antedichos no solo se refieren a la provisión de recursos financieros, técnicos y humanos adicionales, por más importantes que estos sean. Se centran, más bien, en el establecimiento de una nueva relación con la comunidad académica y el sector público y privado.

Uno de estos retos consiste en persuadir a la comunidad científica de que el conocimiento sobre la gestión de riesgos ambientales no debe ser abordado, como hasta ahora, de manera fragmentaria, con énfasis en los aspectos puramente físicos y naturales de los desastres. Actualmente, los datos meteorológicos, hidrológicos y geológicos desempeñan un papel casi monopólico al momento de tomar decisiones sobre la prevención y mitigación de los desastres. Esto excluye la información social y económica pertinente.

¿Cuáles procesos sociales inducen a determinadas prácticas ambientales que agravan los riesgos? Solo respondiendo a tales preguntas se podrá identificar con mayor precisión la verdadera vulnerabilidad humana. Los beneficios pueden ser múltiples. Defensa Civil, por ejemplo, no se limitaría a responder a emergencias; podría fomentar medidas para modificar las actuales prácticas riesgosas.

Debe promoverse una producción participativa y dialógica del conocimiento sobre la gestión de riesgos. Lo mismo vale al determinar cuáles son las prioridades socioeconómicas relativas a la reducción de los desastres, permitiendo nuevas estrategias de prevención que respondan—y esto es fundamental—a indicadores confiables sobre la vulnerabilidad humana.

El desarrollo y la disponibilidad de tales indicadores permitirían a las sociedades y los líderes políticos ver con nuevos ojos la totalidad del ciclo de los desastres, desde la prevención hasta el socorro, la asistencia y la recuperación. La reducción de los desastres sería parte integral de las políticas y prácticas cotidianas de las ciudades.

Si lo que se desea es una cultura de prevención, ninguna estrategia de reducción de desastres será efectiva si no se incorpora en políticas urbanas sustentables que contemplen tanto la gestión ambiental como la inclusión socioeconómica.

La contribución de las ciencias sociales

Nuevos enfoques socioeconómicos tienen el potencial de facilitar la comprensión y el análisis de los vínculos entre la expansión urbana y los desastres ambientales. Muchos de estos enfoques apenas dan sus primeros pasos. No obstante, merecen fomentarse, siquiera porque prometen una actuación más eficaz por parte de los organismos de Defensa Civil.

Tal es el caso del análisis que emprendieron Vargas y sus colegas en torno a la percepción social de los peligros hídricos y meteorológicos. En sus propias palabras, lo que les interesaba era investigar “los vínculos existentes entre las actitudes, los valores y las prácticas de individuos y grupos en relación con el medio ambiente (natural y construido) y a las respectivas maneras de tener percepción del mundo exterior.”

¿Cómo convive con los riesgos circundantes la población afectada? ¿Cuáles significados proyecta esta población sobre los fenómenos naturales, partiendo de sus experiencias individuales y su memoria social? No es raro, por ejemplo, ver a grupos recién arribados en villas periféricas que no detectan las características dinámicas de su actual ambiente híbrido, natural y construido. En muchos casos, su inconciencia los predispone a adoptar patrones de comportamiento que agravan la vulnerabilidad colectiva.

Dicho de otro modo, las dimensiones objetivas de las amenazas no deben opacar sus dimensiones subjetivas. Las representaciones y atribuciones que las poblaciones vulnerables dan a la naturaleza determinan en enorme medida su respuesta al peligro de los desastres. Las estrategias exitosas para reducir la vulnerabilidad al plano local tienen algo en común: incorporan la percepción del riesgo de las comunidades involucradas. El buen suceso de tales iniciativas refleja el valor agregado que brindan el conocimiento y las experiencias locales como un fundamento autóctono para la gestión del riesgo.

Un papel relevante

¿Cuán bien comprenden los líderes políticos y comunitarios el papel que desempeña Defensa Civil? ¿Ha de verse exclusivamente como un mecanismo de respuesta a fenómenos adversos? Tal óptica podría ignorar su contribución potencial a la prevención de los desastres.

Todavía es común que las políticas de salud, obras públicas, vivienda y promoción social se elaboren sin referencia al riesgo de los desastres. Ello afecta el desempeño de los organismos de Defensa Civil. Además, en un círculo vicioso, induce a los gobiernos y la sociedad civil a olvidarse o menospreciar Defensa Ci0vil, sin solicitar ni escuchar los consejos que podría ofrecer en el campo de la prevención.

La relación entre la sociedad y la base biofísica que la sustenta es demasiado compleja como para descuidarla o pretender que no existe. En el rápido proceso de urbanización del territorio brasileño, la depredación ambiental retiene una íntima relación con la distribución desigual de la riqueza. Tanto las percepciones sobre los desastres ambientales urbanos como las estrategias para enfrentarlos son producto de una construcción cultural, institucional, política y económica.

Defensa Civil tiene la obligación de interpretar un papel protagónico en este campo. No solo para contribuir a identificar las brechas que deben ser rellenadas en el conocimiento científico, sino también para colaborar en la construcción de este conocimiento, y comprobar su aplicabilidad. Esta función es-tratégica no debe ser olvidada.

Norma Felicidade Lopes da Silva Valencio es Docente del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Federal de São Carlos y profesora colaboradora del Programa de Postgrado en Ciencias de Ingeniería Ambiental de la USP.

Par mayor información contacte a:
Pedro Fernando Caballero Campos es Coordinador de Defensa Civil del Municipio de São Carlos/SP y Coordinador Regional Adjunto de la Defensa Civil del Estado de São Paulo (Región Araraquara I-12).
prociv@linkway.com.br

 


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