Estrategia Internacional para la Reducción de Desastres
Las Américas   

Revista EIRD Informa - América Latina y el Caribe
Número:13 -2006 -12/2006 - 11-/2005 - 10/2005 - 9/2004 - 8/2003 - 7/2003 - 6/2002 - 5/2002 - 4/2001- 3/2001 - 2/2000 - 1/2000

 

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La reducción de los desastres y los problemas de la Globalización
Por N. Benjelloun Touimi, M. Bentaja, W. Wagner *

La globalización ha abierto nuevas perspectivas para el crecimiento de la economía mundial, pero si bien algunos países, sobre todo los desarrollados, han podido aprovechar este nuevo orden económico internacional, la mayor parte de los que se encuentran en desarrollo y los menos adelantados siguen enfrentándose a numerosas dificultades que les impiden integrarse plenamente en esta economía y beneficiarse de las oportunidades del mercado en forma equitativa (igualdad de oportunidades).

Entre los factores determinantes de esta situación de desigualdad de oportunidades cabe destacar el fenómeno recurrente de los desastres: naturales, ambientales y tecnológicos cuyo peso recae inexorablemente sobre las pequeñas economías. Las inundaciones que se produjeron hace poco en Mozambique, causando pérdidas humanas y materiales considerables, retrasarán indudablemente por largo tiempo, la recuperación económica en ese país; que en los últimos años, la tasa de crecimiento económica regular ha sido de más del 7% del Producto Nacional Bruto (PNB). El fenómeno de El Niño, que devastó los países ribereños del Pacífico en 1997/98, causó en el Ecuador pérdidas del orden de US$2.000 millones, es decir, más del 12% del PNB; el terremoto que sacudió la región de Izmit en Turquía en agosto/99 causó pérdidas de casi US$13.000 millones.


Esos desastres han contribuido a que aumente las diferencias entre los países ricos, que han aprovechado las oportunidades que ofrece la globalización para aumentar sus exportaciones y mejorar su acceso a los mercados, en particular en el campo de las telecomunicaciones, la tecnología de la información y los servicios financieros; y los países pobres que, cuando deben hacer frente a un desastre, se encuentran paralizados por modificaciones presupuestarias internas imprevisibles y se ven obligados a traspasar partidas destinadas inicialmente a programas de desarrollo a sufragar los gastos continuos o adicionales de los desastres. Para evitar este riesgo de inestabilidad y de marginación cuando paralelamente se extiende la globalización y la interdependencia, es fundamental que la dimensión de la prevención se integre en una partida para programas de desarrollo económico y social del presupuesto nacional de los países más expuestos a sufrir sismos, inundaciones, tormentas, sequías, etc.


No obstante, para ayudar a esos países a hacer frente a esos problemas, debería manifestarse una voluntad política de cooperación por parte de los países, desarrolladas en el marco de verdaderos acuerdos de alianza y de refuerzo de la ayuda internacional en el marco de la reducción de desastres. Los países en desarrollo deberían tener acceso a los recursos del conocimiento global, sobre todo los conocimientos (know-how) tecnológicos, el desarrollo de las investigaciones, el análisis y la previsión, así como el establecimiento de redes de observación especializadas (medios de telecomunicación) y la adquisición de la información y los datos que necesitan los sectores nacionales para permitirles desarrollar una cultura adecuada y beneficiarse equitativamente de las oportunidades que se presentan en materia de gestión del riesgo.


Otro aspecto de la alianza podría ser el alivio de la deuda externa de los países pobres más afectados, con el fin de que esa deuda se convierta en proyecto de inversión en el marco de la reducción de desastres. De hecho, el vínculo entre las inversiones y el nivel de riesgos es determinante porque un destino de alto riesgo no resultará nunca atractivo para las inversiones extranjeras directas, inversiones que los países en desarrollo evidentemente necesitan para lograr su integración en el sistema económico mundial por medio de los sectores prometedores tales como el turismo, la creación de industrias de productos transformados y los servicios financieros. Por lo general, las filiales extranjeras compran insumos a proveedores locales y estas compras se intensifican a medida que las empresas comprueban que el medio en el que se implantan es seguro. De ahí la necesidad de dar la posibilidad a esos países, con el objetivo de aumentar las corrientes de entrada, establecer una infraestructura fiable y de calidad que responda a las normas antisísmicas en las regiones vulnerables, identificar las zonas de riesgo y evacuar la población de los lugares expuestos a desastres, así como elaborar una legislación interna adecuada al respecto.


En este contexto, la Comunidad del África Meridional para el Desarrollo (Southern African Development Community, SADC), integrada por Botswana, Zimbabwe, Mozambique y Sudáfrica, celebró una reunión ministerial el 3 de marzo del 2000 en Pretoria y convino en conformar un grupo de expertos para estudiar las repercusiones de las inundaciones que asolaron la región en la economía, el comercio, la agricultura y los medios de subsistencia de la población de esos cuatro países. Además, los ministros se comprometieron a crear una dependencia para la gestión del riesgo. Tras ese encuentro se celebró otra Cumbre Especial, celebrada en Maputo, Mozambique el 14 de marzo del 2000, en la que participaron los Jefes de Estado de Botswana, Malawi, Mozambique, Namibia, Sudáfrica, Tanzanía, Zambia, Lesotho y Swazilandia. En ella se aprobó una declaración en la que los participantes hacían un llamado a la comunidad internacional para que anulara toda la deuda externa de Mozambique para poder así invertir todos los recursos disponibles en la construcción de la infraestructura destrozada y en los servicios básicos afectados por las inundaciones que asolaron al país en febrero y marzo del 2000.


Bajo la misma perspectiva, cabe recordar que en la reunión de la Cumbre del Grupo de los 8, celebrada en Colonia en junio/99 se había propuesto la ampliación de un programa destinado a los países pobres endeudados. Esa iniciativa fue ratificada por las instituciones internacionales a finales de setiembre/99 para poder subsanar las insuficiencias de la iniciativa lanzada, con este fin, en 1996 por los países donantes y lograr que el alivio de la deuda de los países pobres fuera más amplio y más rápido.


Por otra parte, el planteamiento de la prevención de desastres ha sido ampliamente reconocido en el plano internacional. La Secretaría de las Naciones Unidas encargada de promover la Estrategia Internacional para la Reducción de Desastres coordinada desde Ginebra y con una Unidad en Costa Rica para América Latina y el Caribe, a partir de enero del 2000; una estrategia multidisciplinaria e intersectorial para atenuar los efectos de los desastres. Los elementos de esta Estrategia se desarrollaron en el Foro del Programa que tuvo lugar en Ginebra del 5 al 9 de julio/99, acto con el que se puso fin al Decenio Internacional para la Reducción de los Desastres Naturales. El «Task Force» Interagencial para conducir esta Estrategia, se reunió en abril del 2000.


Este enfoque es también objeto de examen por parte del Banco Mundial, que ha iniciado un estudio para integrar este aspecto (la prevención) en un programa denominado ProVention (consorcio para la prevención de los desastres tecnológicos y naturales). El consorcio, cuya primera reunión tuvo lugar en la sede de la mencionada institución financiera en Washington, del 2 al 4 de febrero del 2000, tiene como objetivo reducir los riesgos de los desastres en los países en desarrollo y procurar la incorporación de la prevención y la reducción del impacto socioeconómico sobre el medio ambiente, las comunicaciones, las comunidades y las personas como parte integrante de los esfuerzos de desarrollo de esos países.


La Organización Mundial del Comercio (OMC) puede desarrollar un enfoque similar con la integración de la gestión del riesgo en los planes de desarrollo de los países miembros, en el marco de la labor del Comité de Comercio y Desarrollo. Estos planteamientos ya se recogen en la Declaración Ministerial de la OMC de mayo/98, en cuyo párrafo 6 dice que los Ministros «siguen preocupados profundamente por la marginación de los países menos adelantados y de algunas economías pequeñas y reconocen la urgente necesidad de abordar esta situación, que se ha visto agravada por el problema crónico de la deuda externa con que se enfrentan muchos de ellos».


En definitiva, la comunidad internacional debería brindar su cooperación y toda la ayuda posible para definir las estrategias de reducción de desastres e integrarlas en los programas de desarrollo nacionales de los países más afectados. Este asunto podría ser uno de los puntos prioritarios de la revisión, en el 2002, de la Agenda 21 en el que se acopian las actividades de las Naciones Unidas para promover el desarrollo económico y social en todo el mundo. Con una estrategia de ese tipo será posible contribuir a reforzar y a mantener el crecimiento económico de los países vulnerables y asegurarles un desarrollo sostenible. En la Declaración de Bangkok elaborada en el décimo período de sesiones de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), del 12 al 19 de febrero del 2000, los Estados miembros de la UNCTAD dijeron que se requería «un esfuerzo decisivo a favor de los que corren peligro de quedar marginados», especialmente en África (párr. 8) y que se debía establecer una verdadera asociación basada en disposiciones institucionales más amplias y más transparentes, de modo que se asegure que los beneficios de la globalización sean accesibles a todos sobre una base equitativa.


El Secretario General de las Naciones Unidas, Sr. Kofi Annan, defendió claramente esta posición en el párrafo 9 de la Memoria que presentó a la Asamblea General en su quincuagesimocuarto período de sesiones (A/54/1) donde decía: «Me alarma, en particular, la respuesta insuficiente de la comunidad internacional a las necesidades de las víctimas de la guerra y de los desastres naturales en África. Cuando las necesidades son urgentes, si no somos fieles a nuestros principios más elementales de multilateralismo y ética humanitaria, en el mejor de los casos se nos acusará de incoherencia y en el peor, de hipocresía».

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* H.E. Mr. N. Benjelloun Touimi, Embajador,Representante Permanente de Marruecos ante Naciones Unidas, Ginebra · Mr. Mohamed Bentaja, Consultor EIRD y ex-presidente del Comité de Valuación de Aduana de la Organizacion Mundial de Comercio (OMC) · Mr. Wolfgang Wagner, ex-funcionario de la Secretría del DIRDN, jefe de Política y Coordinación Contribuyeron también: Mr. S. Doumbé-Billé, Profesor en Leyes Públicas Internacionales, Universidad de Lyon, Francia; Jean Moulin, asesor de ONU en Asuntos Ambientales


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