Estrategia Internacional para la Reducción de Desastres
América Latina y el Caribe  

Revista EIRD Informa - América Latina y el Caribe
Número:13 -2006 -12/2006 - 11-/2005 - 10/2005 - 9/2004 - 8/2003 - 7/2003 - 6/2002 - 5/2002 - 4/2001- 3/2001 - 2/2000 - 1/2000

 

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La falta de Información Pública y de Comunicación Educativa incrementa los daños causados por los Desastres Naturales

El Salvador puede aprender de errores ajenos, del pasado, y planificar de manera integral, estableciendo alertas realistas. La planificación integral, vinculada a las tareas de prevención para mitigar daños causados por desastres naturales, en El Salvador constituye una necesidad perentoria, pues los temblores presentes desde enero, muestran los resultados en víctimas mortales, en pérdida de bienes, y en los capitales sociales intangibles.

Ante la magnitud de las fuerzas naturales, que pueden seguir apareciendo, falta todavía dotar a la población, mediante una estrategia de Información Pública y de Comunicación Educativa, de la capacidad de respuesta oportuna como salvaguardia eficaz para su vida y sus bienes.

Además, la manera combinada de los efectos de los fenómenos naturales puede dar lugar a la presencia de una o de varias causas de incremento en la aflicción y desconcierto de la población.

Como se ha podido corroborar, los terremotos son susceptibles de originar, entre otros, el colapso de suelos con fracturas y grietas; y deslizamientos y derrumbes en sus elevaciones (colinas, cerros, montañas y cordilleras); así como afectar y destruir acueductos, oleoductos, gasoductos, e interrumpir la efectividad de funcionamiento en los sistemas viales, distribución domiciliaria de energía eléctrica, telecomunicaciones; y causar explosiones e incendios.

Sin una planificación holística (integral), la respuesta que puedan dar los organismos encargados de algunos servicios públicos, puede llegar a ser, simplemente, desastrosa. Sólo un ejemplo: el terremoto de Kobe 1 . A las pocas horas del sismo e intentando restablecer la normalidad, las autoridades del sector reactivaron las líneas de transmisión de la energía eléctrica, cuando grandes tramos de las cañerías de gas estaban destrozadas en toda la ciudad 2 .

La hora en que ocurrió el terremoto (en la madrugada, mientras la mayoría de la población descansaba), y la decisión de restablecer la energía (debido a que los focos independientes de incendios se multiplicaron llegando hasta 142), fueron las causas principales de las 6.000 víctimas muertas.

De la misma manera, un sistema de alerta previa que no sea realista, se convierte en una trampa mortal. Un sólo ejemplo: la erupción del volcán del Mount Saint Helens 3. La erupción ocurrió en la madrugada del 18 de mayo de 1989, matando a 57 personas. El Presidente Jimmy Carter culpó a las víctimas por haber sorteado las vallas dispuestas como precaución, para incursionar dentro de la “Zona Roja” delimitada por la Gobernadora del Estado.

Sin embargo, se demostró que nunca existieron vallas, que la zona restringida establecida por la Gobernadora cubría sólo 5 Km del área crítica, que los especialistas habían recomendado un área mínima de 16 Km y que sólo tres de las víctimas fatales estaban dentro de la zona roja. Las demás 54 personas se encontraban tan lejos como hasta 55 Km de la zona crítica.

Los ciclos de la naturaleza y la importancia de la memoria histórica. Los ciclos que rigen los fenómenos naturales no integran un patrón claramente predecible para la ciencia actual. Es decir, si un fenómeno no ha ocurrido hasta ahora, no anula la posibilidad de que suceda esta tarde, o en un año, o el próximo siglo. De igual manera, el que un fenómeno natural haya sucedido en el pasado, no garantiza que volverá a producirse.

Pero los datos y registros históricos no carecen de importancia. Al contrario, la estadística histórica debe servir para recordar las respuestas inadecuadas y aprender las lecciones que impidan la pérdida de vidas humanas y bienes.

  • Un ejemplo: aunque los maremotos (sismo en el fondo del mar que produce olas gigantes, o tsunamis, en lengua japonesa) no son frecuentes en América Central, el litoral del Pacífico figura en los mapas de riesgo y está altamente expuesto 4 .
  • Otro ejemplo radica en las series de “racimos de temblores” presentes en El Salvador, posteriores a los sismos del 13 de enero y del 13 de febrero de este año, que fueron tratados por la prensa como si fueran acontecimientos nuevos 5
  • Un último ejemplo es el derrumbe producido por el sismo de enero 13 que sepultó 200 viviendas y mató a unas 500 personas en la urbanización Las Colinas II, al sur de la ciudad de Nueva San Salvador o Santa Tecla, que muestra la fragilidad de la memoria histórica 6 .


Vicente Brunetti
Investigador y Consultor Internacional en Comunicación y Educación. Especialista en Proyectos y Estrategias de Información Pública y Comunicación Educativa para Prevenir y Mitigar Daños causados por Desastres Naturales. Autor de 23 libros sobre Comunicación y Educación.
brunetti@rieder.net.py

  1. El puerto de Kobe, segunda zona urbana más grande de Japón, sobre la bahía de Osaka y a 450 km al sur de Tokyo, tuvo un despertar calamitoso a las 5:46 am del 17 de enero de 1995, cuando un terremoto de 6.9 Richter le sacudió durante 20 segundos, situación agravada por unos 50 incendios múltiples y separados que, conjuntamente, destruyeron miles de edificaciones, líneas telefónicas, cañerías de agua y gas, y entorpecieron a los bomberos que se vieron superados y desbordados por la catástrofe.
  2. No sólo hubo ineptitud y mediocridad por parte del gobierno del Primer Ministro Murayama que reaccionó recién cuatro días después del sismo, enviando al ejército para distribuir alimentos y buscar los cadáveres de las víctimas; sino que permitió al aparato gubernamental un comportamiento burocrático, ensañado en impedir que la ayuda internacional llegada a Kobe, pudiera intervenir con efectividad para mitigar el desastre.
  3. Monte de 2.536 metros de altura, en el Estado de Washington, Estados Unidos.
  4. En setiembre 15-1902, un maremoto golpeó entre los puertos de San José (Guatemala) y La Libertad (El Salvador). La cifra de heridos y víctimas mortales rondó las 400 personas. En setiembre 1-1992 otro maremoto afectó la costa de Nicaragua sobre el Pacífico, con olas de entre 8 y 15 m de altura, causando 179 muertos y 40.500 damnificados, daños económicos graves y un deterioro ecológico no evaluado todavía.
  5. Entre la mañana del 29 y la tarde del 30 de diciembre-1872, ocurrieron 81 sismos en la región de San Vicente. El día 30, la ciudad sufrió un sismo, antecedido y seguido de frecuentes y fuertes sacudidas. Entre el 21 y el 31 de diciembre-1879, la zona del Lago de Ilopango tuvo más de 600 temblores. En la noche del 27, un temblor giratorio de 50 segundos de duración destrozó edificaciones de los pueblos de Ilopango y de Asino. Luego de varios días de pequeños sismos cerca del volcán San Vicente, en diciembre 19-1936, un sismo derrumbó cientos de casas y edificios, afectando también a las poblaciones de San Esteban, Istepeque, Tepetitán, Santo Domingo y Santa Clara, sacudidas por más de 100 réplicas. En mayo 3-1965, un terremoto de 6.3 Richter destruyó la ciudad de San Salvador y causó graves daños en Ilopango, Soyapango y Ciudad Delgado. En la capital dejó 15 Km de destrucción, 110 muertos, 500 heridos y 50.000 personas sin hogar. Fue antecedido por más de 600 sismos diarios, entre febrero y mayo. Desde el sismo de octubre 10-1986 hasta noviembre 26, se registraron otros 2.508 temblores más. Entre el 2 y el 16 de abril-1999, ocurrieron 87 temblores de tierra en la isla de Meanguera, en el Golfo de Fonseca.
  6. A las 11:50 de octubre 10-1986, San Salvador tembló con un sismo de 7.5 Richter, con duración de 5 segundos y epicentro localizado en fallas situadas a 8 Km bajo la zona de Los Planes de Renderos, al sur. Como resultado, una poderosa onda en forma de ola recorrió la capital. La devastación y mortandad se centraron en diversos barrios, y en los Planes de Renderos -donde el fenómeno llegó a alcanzar los 9.0 Richter-, Ciudad Delgado y Santa Clara. Un deslizamiento de tierra blanca sepultó 200 casas y causó 100 muertos en la colonia Santa Marta, al sur de la capital y provocó deslizamientos en diversos puntos y en las cercanías del Lago de Ilopango.

 


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