Informe de Evaluación Global sobre la RRD 2009
De HFA-Pedia
Riesgo y pobreza en un clima cambiante: Invertir hoy para un mañana seguro
Informe de Evaluación Global sobre la RRD 2009
UNISDR, 2009
Conclusiones generales
El imperativo de una acción urgente
Los avances actuales en relación al HFA y temas vinculados de reducción de pobreza y adaptación al cambio climático no están consiguiendo una reducción en el riesgo de desastres.
El riesgo sigue creciendo y todo incremento adicional afectará de manera desproporcionada a las comunidades pobres de los países en desarrollo.
El cambio climático amplifica la distribución desigual del riesgo, incrementando tanto el riesgo de desastres como sus consecuencias para la pobreza de estas comunidades. Salvo que se revierta esta tendencia, será imposible alcanzar la meta del HFA y se pondrán en juego también los avances hacia la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM).
Es necesario imprimir una mayor urgencia a los esfuerzos por recortar las emisiones globales de gases de efecto invernadero y reducir el consumo energético si se ha de evitar un incremento potencialmente catastrófico en el riesgo de desastres, cuyos impactos se concentrarían sobre todo en los países en desarrollo.
Los países con los mayores niveles de riesgo relativo y menor resiliencia ante los impactos de los desastres son aquellos con economías reducidas y vulnerables, como muchos SIDS y LLDC.
Desgraciadamente, el mundo está abocado ya a un cambio climático significativo, incluso si se consiguen avances rápidos en la transición hacia una economía baja en carbono. Por tanto, los países proclives a los desastres únicamente podrán frenar el incremento en los impactos de los desastres y sus consecuencias para la pobreza si toman medidas firmes para encarar los factores subyacentes que provocan la concentración y la expansión del riesgo.
El Informe destaca la necesidad de fortalecer capacidades para abordar tres factores claves: deficiente gobernanza urbana, medios de vida rurales vulnerables y declive de los ecosistemas. La protección social inadecuada, pese a no ser analizada en detalle en el Informe, sería un cuarto factor de importancia.
Si no se confrontan estos factores, los incrementos en el riesgo de desastres y las consecuencias para la pobreza serán dramáticos. En cambio, si se otorga prioridad a la actuación frente a estos factores, será posible reducir el riesgo, proteger el desarrollo humano y facilitar la adaptación al cambio climático.
Estas medidas, más que un coste, deberán considerarse una inversión para la construcción de un futuro más seguro, estable, sostenible y equitativo.
Dada la urgencia del cambio climático, es necesario tomar acciones decisivas ya.
Marco de políticas para un desarrollo que reduzca también los riesgos
Es posible abordar los factores subyacentes del riesgo de desastres.
En todas las regiones del mundo, demuestran que es así las experiencias documentadas de mejoramiento de los asentamientos informales, acceso a tierras e infraestructura para las poblaciones urbanas pobres, potenciación de los medios de vida rurales, protección de los ecosistemas, así como la utilización de microfinanzas, microseguros y seguros indexados para potenciar la resiliencia. Y los mejores resultados han surgido en el contexto de asociaciones novedosas entre gobiernos nacionales, autoridades locales y la sociedad civil, colaboraciones que están brindando ya una reducción sostenible de los riesgos.
La experiencia demuestra que se puede hacer cara a los factores subyacentes del riesgo, y que ya existen las herramientas, métodos y enfoques necesarios para ello; lo que hace falta es integrarlos en el engranaje político.
La mayoría de países siguen careciendo de un marco político de desarrollo de alto nivel y debidamente orientado que haga frente a estos factores y apoye enfoques innovadores. Sin ese apoyo central, los esfuerzos ya en marcha para la reducción del riesgo de desastres y la adaptación al cambio climático no prosperarán.
El fortalecimiento de capacidades para desarrollar e implementar un marco político de esta índole resulta de especial urgencia en los países de ingresos bajos y medianos donde el grado de exposición a las amenazas crece más rápidamente, donde los riesgos están más concentrados, y donde se sentirán más los efectos amplificadores del cambio climático.
El desarrollo para la reducción del riesgo es fundamental si se ha de integrar la reducción del riesgo de desastres en el desarrollo, y si el desarrollo ha de adaptarse al cambio climático.
La adopción de un marco político de estas características más inclusivas redundaría en una mayor coherencia entre los distintos planes, programas y proyectos para la reducción de la pobreza, la adaptación al cambio climático, la reducción del riesgo de desastres y el desarrollo sostenible en general, lo que permitiría abordar mejor los factores subyacentes del riesgo de desastres.
Estos planes y programas abarcan los PRSP, los NAPA, los marcos de Naciones Unidas de asistencia para el desarrollo y demás instrumentos específicos de programación a nivel de cada país.
Para ser pertinente y efectivo, un marco político de este tipo debe constituir una prioridad en la programación política, llevar asignados recursos claramente delimitados en los presupuestos nacionales, y contar con liderazgo al más alto nivel de gobierno.
Para que sea viable un marco político de desarrollo que redunde en reducción del riesgo, será necesario aplicar una cultura distinta a su implementación, una cultura cimentada en la colaboración y en las asociaciones entre gobiernos y sociedad civil.
Las asociaciones de este tipo pueden rebajar enormemente el coste de la reducción del riesgo, garantizar el apoyo local para las actuaciones propuestas, y ayudar a construir capital social, reduciendo así la vulnerabilidad a largo plazo.
Gobernanza efectiva para la reducción del riesgo
Además de un marco político que otorgue prioridad a un desarrollo con reducción del riesgo, se necesita también una serie de actuaciones de gobierno para la reducción del riesgo de desastres, la reducción de la pobreza y la adaptación al cambio climático, en orden a garantizar que se tendrán en cuenta los aspectos relacionados con el riesgo a la hora de invertir en actividades de desarrollo.
Las mejoras en la gobernanza de reducción del riesgo son de una importancia fundamental para conseguir un vehículo político y un enfoque sistemático para la planificación, financiación y seguimiento de las inversiones en todos los sectores.
En particular, es necesario armonizar los actuales sistemas institucionales y de gobernanza para la reducción del riesgo de desastres y la adaptación al cambio climático, pero utilizando los sistemas ya existentes de la administración pública.
La elaboración de un marco de gobernanza único para la reducción del riesgo debería ofrecer oportunidades para una implementación más eficaz de las políticas, así como para evitar la duplicación y la falta de coordinación.
La armonización de los marcos y requisitos internacionales de planificación e informes ayudaría a lograr una mejor integración a nivel de país.
La responsabilidad institucional y administrativa de la reducción del riesgo debe recaer en el más alto nivel de gobierno, de forma que haya autoridad política y recursos suficientes para influir en las políticas de desarrollo.
Si la reducción del riesgo queda incluida de forma explícita en los planes y presupuestos de desarrollo nacional, todos los departamentos gubernamentales podrán programar actividades e inversiones para la reducción del riesgo.
Afortunadamente, en muchos países ya se están creando mecanismos novedosos encaminados a la integración y la armonización. Estos abarcan, entre otras cosas:
- dar cabida a la reducción del riesgo de desastres en los planes y presupuestos de desarrollo nacionales;
- el desarrollo de nuevas estructuras institucionales para realizar un seguimiento de las amenazas y la evaluación de los riesgos a través de instituciones científicas y técnicas ya existentes;
- la incorporación de análisis de rendimiento en los sistemas de inversión pública;
- la participación de la oficina de intervención o auditoría del Estado para apoyar la implementación, la aplicacion, la responsabilidad y la transparencia en todos los sectores y a todos los niveles gubernamentales;
- mejoras en los sistemas de alerta temprana; y
- la aplicación de mecanismos innovadores para la transferencia del riesgo.
La reducción del riesgo de desastres supone una inversión, no un gasto
Para abordar seriamente y en la escala necesaria los factores subyacentes del riesgo se precisa una inversión considerable.
Es difícil hacer una estimación concreta del coste a nivel global, pero los cálculos realizados por el Proyecto del Milenio sirven como indicación de su importe.
Pese a que esa cuantía podría reducirse sensiblemente adoptando enfoques participativos, lo cierto es que se necesitan centenares de miles de millones de dólares.
Esta cifra cuadra con las estimaciones realizadas respecto al coste de la adaptación al cambio climático.
Será necesario incrementar los recursos disponibles para la adaptación al cambio climático, así como los ya comprometidos para lograr los ODM.
En el contexto de la crisis económica global, las inversiones en infraestructuras y creación de empleo pueden aportar oportunidades para abordar los factores de riesgo subyacentes, por ejemplo mediante inversiones para mejorar los sistemas de drenaje en zonas propensas a las inundaciones.
La reducción del riesgo de desastres se suele considerar un coste adicional.
De hecho, uno de los principales argumentos aducidos para justificar la falta de avances en la reducción del riesgo de desastres es que los países en desarrollo tienen otras prioridades, como la reducción de la pobreza, y no pueden financiar el coste adicional de la reducción del riesgo de desastres.
El Informe propone un planteamiento muy diferente. La inversión en la reducción del riesgo de desastres se traduce, por norma general, en un elevado ahorro en cuanto a pérdidas sostenidas y gastos de reconstrucción necesarios, y es por tanto una manera de rebajar el coste de la reducción de la pobreza y de abordar los factores subyacentes del riesgo. Es decir, si se invierte en reducción del riesgo de desastres, el coste real de afrontar los factores subyacentes del riesgo será más bajo.
Por consiguiente, los requisitos clave son ayudar a los países a potenciar los mecanismos de gobernanza y mejorar la gestión de las inversiones necesarias para abordar los factores de riesgo subyacentes, así como garantizar que se incorpore la reducción del riesgo de desastres en esas inversiones.
Si no se potencian esos mecanismos y esas capacidades, las actuaciones para el desarrollo, por importantes que sean, podrán tener escasos efectos tangibles, o incluso ser contraproducentes.
Si se potencian los mecanismos y capacidades de reducción del riesgo de los gobiernos, las pequeñas inversiones pueden generar enormes beneficios.
Invertir hoy en el fortalecimiento de capacidades es crucial si las generaciones del futuro han de disfrutar de un mañana más seguro.
