Desastres y desarrollo
De HFA-Pedia
Las interacción entre los desastres y el desarrollo
- ¿Está aumentando la cantidad y la frecuencia de los desastres?
Sí, la cantidad y la frecuencia de los desastres van en aumento. Según Munich Re (una de las reaseguradoras más grandes del mundo), en la década de los 90, las pérdidas económicas que ocasionaron los desastres ascendieron a más de $608,000 millones, una cantidad mayor que las pérdidas durante las cuatro décadas anteriores en conjunto. Esto está respaldado por un reciente estudio que condujo el Centro de Investigaciones sobre la Epidemiología de Desastres (CRED), con sede en Bélgica, el cual reveló que en el 2005 hubo 360 desastres naturales, en comparación con 305 en el 2004. La mayoría está de acuerdo en que la cantidad de desastres aumentará aún más a medida que el cambio climático y el calentamiento global generen más eventos meteorológicos severos. Estos eventos incidirán en el desarrollo económico y disminuirán el ritmo del progreso en la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM).
- ¿Cuáles son los vínculos existentes entre los desastres y la pobreza?
Los vínculos entre los desastres y la pobreza son muy evidentes. Los más pobres son los que resultan más afectados y los que sufren más. Los desastres dañan la infraestructura e inciden negativamente en la productividad y el crecimiento. La capacidad de enfrentar y de reducir el riesgo es mucho más limitada en los países pobres, por lo que su población es más vulnerable. El impacto en las comunidades puede ser severo: los desastres aumentan la pobreza y la desnutrición, y reducen la resistencia a las enfermedades. Con frecuencia, las familias pobres, hambrientas o enfermas deben enviar a los niños a trabajar y no a la escuela y, por lo general, la salud de las mujeres y las niñas empeora, mientras aumenta su carga de trabajo.
- ¿Cuáles son los beneficios económicos de la reducción del riesgo de desastres?
Existe una creciente evidencia sobre los beneficios económicos de la reducción del riesgo de desastres. El Fondo Monetario Internacional (FMI) calcula que, entre 1997 y el 2001, el costo económico promedio por cada evento relativo a un desastre natural de gran magnitud fue de más del 5 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) de los países de bajos ingresos. Asimismo, una serie de cálculos recientes del Banco Mundial ha colocado esta cifra en el margen del 2-15 por ciento del PIB de los países de bajos ingresos. Además, está aumentando tanto el impacto como la incidencia de los desastres y Munich Re informó que las pérdidas económicas de los años 90 superaron las de las cuatro décadas anteriores en conjunto. No obstante, en los lugares donde se han dedicado grandes esfuerzos para reducir el riesgo de desastres, tales como en varios pequeños Estados insulares, los daños anuales promedios con relación al PIB han disminuido considerablemente. Los estudios que evalúan los costos relativos y los beneficios de iniciativas individuales para la reducción del riesgo de desastres también han señalado el alto potencial de reintegro que muestra la reducción del riesgo de desastres, pues se calcula que por cada dólar invertido en la RRD hay un reintegro de entre 2 y 4 dólares debido a un impacto de los desastres que se pudo evitar o se redujo.
- ¿Porqué ha habido una subinversión en la reducción del riesgo de desastres por parte de las organizaciones de desarrollo?
Uno de los factores es que los denominados incentivos perversos funcionan en contra de la reducción del riesgo de desastres. Los gobiernos podrían saber que pueden depender de la comunidad internacional y de su respuesta generosa cuando se produce un desastre, lo cual podría ser un desincentivo para invertir en la prevención. La reducción del riesgo de desastres es a largo plazo y tiene poca notoriedad. Por otra parte, la respuesta en caso de desastres es muy visible y, por consiguiente, ha recibido más atención política que la reducción del riesgo de desastres. Mientras continuamos respondiendo generosamente ante el surgimiento de un desastre, también debemos modificar el equilibrio existente e invertir más en prevención.
- ¿Cómo podemos exhortar a que se invierta más en la reducción del riesgo de desastres?
Debemos ayudar a los gobiernos a decidir en qué áreas van a invertir. En este momento carecemos de información sobre los costos y los beneficios de la reducción del impacto de los desastres. Asimismo, se necesitan más investigaciones sobre el impacto de los desastres a largo plazo. También necesitamos una mejor base de evidencias para ayudar a decidir en cuáles intervenciones para la RRD se debe invertir. Estas decisiones son muy difíciles para aquellos gobiernos cuyos recursos financieros son limitados. ¿Se invierte en salud o en educación, áreas que originarán un beneficio rápido, o en la reducción del riesgo de desastres, aún cuando podría no surgir ninguno en 50 años?
- ¿Por qué necesitamos integrar de mejor forma la reducción del riesgo de desastres en el desarrollo?
Los desastres no ocurren simplemente, sino que son el resultado de las fallas del desarrollo que aumentan el grado de vulnerabilidad frente a las amenazas. Los sistemas políticos reconocen la necesidad de intervenciones más sólidas después de un desastre. El reto existente radica en aumentar el grado de atención en la reducción del riesgo de desastres.
El desarrollo puede aumentar la vulnerabilidad:
- El desarrollo urbano y la afluencia de población dan origen al hacinamiento de viviendas en lugares que no son seguros.
- El desarrollo de las zonas costeras aumenta el grado de vulnerabilidad frente a los tsunamis / las tormentas tropicales / las inundaciones.
- La construcción de vías de transporte origina deforestación y aludes.
- Las represas y los sistemas de riego aumentan el riesgo de inundaciones y posibles fallas en los diques.
- El desarrollo industrial controlado de forma deficiente da origen a la contaminación del agua /por humo y/o a la exposición de materiales tóxicos.
- El desarrollo ganadero da origen a la desertificación debido al pastoreo excesivo.
El desarrollo puede reducir la vulnerabilidad:
- El fortalecimiento del sistema de servicios básicos urbanos y el apoyo industrial aumentan la capacidad de respuesta.
- Se incorporan técnicas de construcción resistentes a las amenazas para soportar el impacto de los desastres.
- Los códigos de construcción y los reglamentos de zonificación reducen el hacinamiento.
- Una mejor administración y los programas de capacitación mejoran la planificación de la preparación.
- Los programas de reforestación y de conservación de los suelos reducen el riesgo de inundaciones debido a la erosión.
Los desastres pueden retrasar el desarrollo:
- La pérdida de recursos.
- La interrupción de programas.
- Un impacto negativo en el entorno para inversiones.
- La desestabilización política.
Los desastres pueden ofrecer oportunidades de desarrollo:
- Dejan al descubierto las áreas de vulnerabilidad.
- Crean un entorno político favorable para el cambio económico y social.
- Dan origen a la inyección de capital por parte de los entes donantes.
- Permiten que las zonas problemáticas destruidas se reconstruyan de forma más segura.
Impactos macroeconómicos de los desastres: Referencias de casos
a) Evaluación de los impactos macroeconómicos de los desastres
Además de los impactos directos (el daño físico a la infraestructura, al capital y a las acciones productivas), los desastres pueden ocasionar costos indirectos y efectos secundarios. Los costos indirectos se acumulan cuando se reduce el rendimiento productivo debido a daños en los bienes y la infraestructura, o a una fuerza laboral debilitada por las pérdidas de un desastre. Los efectos secundarios incluyen consecuencias a más largo plazo para la economía, tales como niveles de endeudamiento familiar y nacional, el desempeño fiscal y monetario, o los efectos de reubicar o reestructurar elementos de la economía, de la fuerza laboral, o de las poblaciones reasentadas.
Se pueden observar las pérdidas indirectas y secundarias en las sequías de 1991-92 en Zimbabue, cuando el sector manufacturero fue duramente golpeado debido a la reducción de la producción hidroeléctrica. En conjunto, las pérdidas manufactureras y agrícolas redujeron el PIB de 1992-93 en un 8 por ciento. De forma similar, las inundaciones en Sudáfrica en 1999-2000 redujeron la productividad agrícola en un 18 por ciento para el primer trimestre del 2003. Asimismo, la evidencia existente en Filipinas demuestra la interrelación de los choques de los desastres naturales con otras presiones del desarrollo. En este país, el crecimiento anual del PIB en los años 90 alcanzó su punto máximo en 1992 con un 7,2 por ciento. Sin embargo, al año siguiente, la crisis financiera asiática redujo la tasa de crecimiento a un 5,3 por ciento y en 1998 la combinación de los efectos posteriores a la crisis y el fenómeno de El Niño dieron origen a una dramática disminución del crecimiento del PIB a solamente un 0,4 por ciento –la tasa más baja de toda la década. Al citar la evidencia procedente de 16 países de América Latina y el Caribe, el FMI calcula que un punto porcentual del PIB en daños directos de los desastres ‘naturales’ puede reducir el crecimiento del PIB en medio punto porcentual durante el mismo año.
Las continuas investigaciones que respaldan el Banco Mundial, el Consorcio ProVention y la Comisión Económica de las Naciones Unidas para América Latina y el Caribe (CEPAL) han comenzado a desentrañar algunas de las relaciones complejas entre los choques de los desastres ‘naturales’ y la situación macroeconómica. La CEPAL ha desempeñado un papel fundamental en la elaboración y la aplicación de herramientas de evaluación para estas categorías del impacto macroeconómico. La aplicación de este marco de la CEPAL permite observar que América Latina y el Caribe han acumulado más de $65,000 millones en daños ocasionados por los desastres. Los países más pequeños y menos desarrollados del Caribe, Centroamérica y los Andes han resultado afectados de forma desproporcionada.
b) Impactos macroeconómicos del terremoto de Turquía en agosto de 1999
El terremoto que se produjo en Turquía el 16 de agosto de 1999, se centró en la zona más industrializada y económicamente dinámica del país. Los cuatro distritos más severamente afectados (Kocaeli, Sakarya, Bolu y Yalova) contribuyen con más del 7 por ciento del PIB del país y con el 14 por ciento del valor agregado industrial. El ingreso per cápita es casi el doble que el promedio nacional. A pesar de contar con sólo el 4 por ciento de la población, esta región contribuye con más del 16 por ciento de los ingresos para el presupuesto. Debido a los impactos del sismo, combinados con los efectos de la crisis financiera mundial, Turquía sufrió una severa recesión durante ese año, en el cual el PIB real disminuyó en un 6,1 por ciento. La OCDE calculó que la pérdida de la productividad debido al terremoto se situó entre medio y un punto porcentual del PIB. Asimismo, se calculó que la pérdida económica agregada fue de $16,000 millones (aproximadamente un 7 por ciento del PIB), gran parte de lo cual se atribuye a una disminución de la actividad económica, tanto en la zona del terremoto como en los distritos adyacentes (Bursa, Eskisehir y Estambul). El impacto en las finanzas públicas fue considerable, con costos fiscales directos que ascendieron a 1 por ciento del PIB en 1999 y al 2 por ciento en el 2000, al igual que una disminución de los ingresos en medio punto porcentual del PIB para el período 1999-2000. Estos cálculos sugieren que el impacto macroeconómico del terremoto fue muy considerable y que la destrucción tanto del capital físico como humano pudo haber generado un efecto negativo a largo plazo en las posibilidades de crecimiento económico del país.
2. Impactos de los desastres en las comunidades y en los medios de sustento
La mortalidad infantil por las inundaciones en Vietnam
En años recientes, las inundaciones anuales en el delta del río Mekong en Vietnam han cobrado cientos de vidas y la gran mayoría de las víctimas han sido niños pequeños. El peor año fue el 2000, en el que murieron 400 niños, y después el 2001, año en el que fallecieron 300 niños. Asimismo, 99 niños murieron en el 2002 –de un total de 106 víctimas en el delta de este río. Un estudio que condujo Save the Children informó que la mayoría de las muertes fueron de niños menores de seis años provenientes de familias pobres. Si bien los bebés pudieron correr un riesgo especial frente a las inundaciones de rápido crecimiento y las corrientes fuertes, muchos de estos niños no murieron al principio de las inundaciones, sino cuando las aguas ya estaban asentadas. Según el estudio, muchas de las víctimas eran de familias pequeñas y se les había dejado en el hogar sin una supervisión adecuada durante largos períodos de tiempo, mientras los padres se ganaban la vida pescando.
El estudio de Save the Children hizo un llamado al establecimiento de un sistema más accesible y costeable de jardines infantiles para niños en edad preescolar. De hecho, a partir del 2002, el gobierno de Vietnam comenzó a establecer ‘párvulos infantiles’ de emergencia a lo largo del delta del Mekong, en los cuales los padres de familia pueden dejar a sus niños de forma segura, mientras se concentran en asegurar sus viviendas, posesiones y medios de sustento. Todavía no hay disponible ninguna evaluación independiente sobre la eficacia y el uso de estos centros infantiles. No obstante, el gobierno asegura que los 918 párvulos infantiles de emergencia establecidos durante las inundaciones severas del 2002 redujeron de forma drástica la cantidad de niños ahogados durante ese año.
3. Los desastres están arraigados en las fallas del desarrollo
Los modelos predominantes de desarrollo y el riesgo
Los conflictos armados y el riesgo de desastres
En el 2002, la violencia y los conflictos armados dieron origen a 22 millones de refugiados internacionales y otros 20 o 25 millones de desplazados internos. El trastorno social y la desarticulación de los sistemas de gobernabilidad debido a los conflictos armados y los altos niveles de violencia social (por ejemplo, en barrios urbanos dominados por las pandillas de traficantes de drogas) inciden en la capacidad de los hogares y las comunidades para hacer frente a las amenazas naturales y recuperarse después de un desastre. El Cuerno de África es una región en la que se ha asociado la inseguridad alimentaria y el hambre con una fuerte combinación de conflictos y sequías durante los últimos 30 años. Además, durante los últimos cinco años han ocurrido al menos 140 desastres ‘naturales’ en países que experimentan emergencias políticas complejas.
Por lo general, las personas desplazadas por un conflicto contribuyen a aumentar la población de los asentamientos informales, o deben quedarse en campos de refugiados. La falta de recursos adecuados para garantizar los medios de sustento en estos asentamientos puede maximizar el riesgo, ya que se explota el entorno inmediato en busca de recursos, tal como leña, lo cual origina la pérdida de los suelos y posiblemente una mayor amenaza de inundaciones o deslizamientos de tierra. En los campamentos y en los asentamientos informales, la alta densidad de población aumenta el grado de exposición a las enfermedades.
La interrupción o la ausencia de las funciones gubernamentales, o el desvío de los gastos públicos durante períodos de conflicto pueden generar un efecto erosivo en la capacidad para enfrentar el riesgo de desastres. Aunque un geólogo local predijo la erupción volcánica del Monte Nyiragongo en Goma, República Democrática del Congo, debido a la falta de capacidad estatal para tomar acciones conforme a esta información, no se tomó ninguna medida de alerta o de preparación y casi la mitad de la ciudad resultó destruida.
Los desastres también pueden desempeñar un papel importante en la generación de inestabilidad social y de cambios políticos. Se han relacionado el colapso del régimen de Somoza en Nicaragua, el menoscabo de las organizaciones comunitarias en Chile, y los cambios políticos en Etiopía y Afganistán con tensiones sociales catalizadas durante momentos de estrés debido a un desastre. Por lo general, es difícil que sea palpable la separación de las relaciones de causa y efecto entre un desastre natural, la inestabilidad social o la desigualdad, y un conflicto o una crisis política.
4. El desarrollo puede dar origen a los desastres al aumentar el grado de exposición frente a las amenazas
a) La adaptación al cambio climático
La comunidad científica ha estado de acuerdo ampliamente que el cambio climático ya es una realidad y es posible que aumente la frecuencia y la severidad de los desastres de origen meteorológico. Cuando los cambios estacionales coinciden con los eventos climáticos extremos, los resultados pueden ser catastróficos, tal como se demostró en el 2003 cuando las olas de calor mataron a 2,000 personas en India y a casi a 20,000 más en toda Europa.
El cambio climático repercutirá con más fuerza en los pobres. Es muy probable que los efectos más grandes del cambio climático sean en la seguridad alimentaria, la productividad de los cultivos agrícolas de exportación, la salud humana, la seguridad y la calidad del agua, y en el desplazamiento de las personas, a consecuencia de una inundación, sequía o elevación en el nivel del mar. En África, se calcula que sólo la elevación en el nivel del mar aumentará la cantidad de personas en riesgo de 1 millón a 70 millones para el año 2080. En India, país en el que la capa freática ya está disminuyendo rápidamente en muchas zonas debido a la sobrexplotación del agua subterránea, un aumento de 2°C en la temperatura podría reducir el rendimiento del trigo y del arroz en un 10 por ciento, lo que empeoraría el efecto de una mayor variabilidad de las precipitaciones.
El ritmo tan lento de las negociaciones de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático significa que se debe proceder con las medidas de adaptación junto con planes continuos dirigidos a mitigar el cambio climático. Es necesario tomar acciones para reducir los posibles efectos humanos en el clima, al igual que para disminuir el propio proceso de cambio. En efecto, existen oportunidades para la ejecución de proyectos que combinen la adaptación y la mitigación, tal como el (re)establecimiento de manglares en zonas costeras de alto riesgo y poca altitud. Esta medida es adaptativa porque reduce la exposición a las inundaciones y las marejadas ciclónicas, mientras fomenta la mitigación mediante el crecimiento de árboles que actúen como sumidero de carbono.
La adaptación al cambio climático supondrá ajustes al riesgo que enfrentan y comparten las personas, la sociedad civil y el Estado, y no dependerá únicamente de las acciones internacionales en este campo. Tales acciones deben formar parte de un enfoque de política más amplio para respaldar la capacidad de adaptación y la resiliencia de las comunidades vulnerables.
El cambio climático añade importancia al argumento a favor de la integración de la reducción del riesgo en el desarrollo. En los lugares donde se sabe que el riesgo es muy alto, por ejemplo en las planicies aluviales y las costas de poca altitud, se deben ampliar los programas existentes para la reducción del riesgo de desastres. En otras partes, la incertidumbre aumenta la necesidad de un tipo de desarrollo preventivo que tome en consideración el riesgo. El Centro de la Cruz Roja para el Cambio Climático, en los Países Bajos, ha recurrido a herramientas para la reducción del riesgo de desastres, a fin de ofrecer orientación a las sociedades nacionales sobre adaptación local para reducir el riesgo del cambio climático. El DFID también produjo recientemente una serie de hojas informativas que demuestran la forma que el cambio climático aumenta el riesgo ambiental para los pobres, lo cual también pone en peligro la consecución de los ODM.
b) Círculos viciosos del riesgo urbano
La rápida urbanización a partir de la década de los 90 ha aumentado drásticamente la cantidad de personas y el nivel de bienes físicos expuestos a las amenazas (en particular a los sismos y las inundaciones), debido a una planificación inadecuada del uso de los suelos y a los estándares de construcción. Existen grandes cantidades de residentes urbanos que viven por debajo de la línea de pobreza y en viviendas a punto de derrumbarse en ciudades de países en desarrollo bajo y medio. Por lo general, estas cifras alcanzan más del 50 por ciento de la población. La dependencia de los medios de sustento urbanos en una economía monetaria y en las redes de infraestructura para satisfacer las necesidades básicas también intensifica la susceptibilidad frente a los desastres.
La alta densidad demográfica de los tugurios urbanos aumenta la cantidad de personas y de bienes en riesgo frente a cualquier evento. En noviembre del 2002, en el tugurio de Yamuna Pushta, muy densamente poblado y ubicado en Delhi, un pequeño incendio se salió de control rápidamente y destruyó 2,000 viviendas precaristas. Asimismo, la inhabilidad de la municipalidad de Ciudad del Cabo para apoyar el establecimiento de condiciones seguras de vida, contribuyó a que, entre 1995 y 1999, diversos incendios destruyeran más de 10,000 viviendas construidas de manera informal.
Pero no sólo las poblaciones pobres resultan afectadas. En enero del 2001, en el terremoto que se produjo en Gujarat, India, la planificación inadecuada y el incumplimiento de los códigos de construcción en una zona de rápida urbanización fueron los factores responsables por la construcción de edificios inseguros, los cuales cobraron la vida de 20,000 personas provenientes de todos los estratos de la sociedad. En los lugares donde había más riqueza también hubo una mayor habilidad para recuperarse: aquellos que tenían bienes e influencia pudieron obtener viviendas en otros sitios y fueron los más beneficiados de la asistencia prestada para la rehabilitación.
En el peor de los casos, a estos desastres les sigue una recuperación inadecuada o parcial que sólo reproduce la vulnerabilidad socioeconómica para ocasionar futuras pérdidas debido a otro desastre. Después de un desastre urbano, es común que se urbanicen nuevamente las zonas residenciales, ya sea de forma formal o informal, en los mismos sitios peligrosos. En Río de Janeiro, los aludes ocasionaron 1,000 muertes durante diversas tormentas en 1966. Esta cifra aumentó a 1,700 en 1967 debido a la reurbanización de lugares peligrosos. Para los países y las regiones de bajos ingresos, la ruptura de estos círculos viciosos puede ser un factor decisivo para aspirar a lograr la reducción sostenible de la pobreza.
5. El desarrollo puede dar origen a los desastres al aumentar la susceptibilidad existente
Cambios culturales y vulnerabilidad en los pequeños Estados Insulares
El conocimiento local necesario para que las respuestas de afrontamiento y adaptación sean operativas podría perderse o considerarse irrelevante después de un cambio social. Este proceso se ha observado en Fiji, con señales de dependencia en la asistencia alimentaria del Estado y las fuentes de las ONG que reemplazan las medidas tradicionales de afrontamiento, tal como el consumo de tubérculos. De forma similar, existe evidencia que los sistemas agroforestales variados y establecidos desde hace mucho tiempo en las islas del Pacífico están siendo amenazados por la modernización agrícola.
Las estrategias de afrontamiento se estructuran más según el grado al que se reconocen los derechos consuetudinarios de las personas marginadas. Esta ‘economía moral’ es susceptible a la erosión por la ampliación del mercado y la privatización de los recursos comunales, la penetración del Estado en las relaciones sociales tradicionales, para que la asistencia social formal reemplace la reciprocidad y los sistemas indígenas de apoyo, y el crecimiento demográfico. En Samoa Occidental, por ejemplo, el creciente papel del mercado ha menoscabado los mecanismos de afrontamiento y las prácticas agrícolas tradicionales.
¡Pero no todos los cambios son malos! Las interpretaciones consuetudinarias de los desastres como ‘casos fortuitos’ tienden a privar de facultades a las personas y las sociedades, limitando de esta forma las adaptaciones necesarias para reducir la vulnerabilidad o las amenazas. Es probable que un tipo de desarrollo socioeconómico que amplíe la garantía de acceso a la información, a los recursos relativos a los medios de sustento y a una gobernabilidad inclusiva reduzca el riesgo de desastres. El reto en los pequeños Estados insulares, y en muchas otras partes, radica en promover un desarrollo que mejore el bienestar humano sin generar ningún riesgo de desastres.
6. Los intentos mal planificados para reducir el riesgo pueden empeorar las cosas
Una respuesta fallida frente al riesgo de inundaciones: Los complejos residenciales en Vietnam
Si bien los esfuerzos para la reducción del riesgo de desastres en el delta del Mekong, en Vietnam, incluyen muchos aspectos positivos, a mediados de los años 90, los esfuerzos gubernamentales dirigidos a reubicar a las familias de bajos ingresos en zonas seguras (de mayor altitud) con construcciones especiales denominadas ‘agrupaciones residenciales’ han sido notoriamente infructuosas. Según una de las agencias en Vietnam, algunas provincias han ‘ejecutado’ estos complejos residenciales desde una perspectiva muy limitada sobre la gestión de desastres, en función de los sectores. En consecuencia, hubo muy poca aceptación de los préstamos de reasentamiento que estaban disponibles para las familias. Para finales del 2002, había finalizado la construcción de 142 complejos residenciales, con un espacio planificado para 39,000 familias; sin embargo, sólo 3,000 se habían trasladado a los mismos.
Un informe de CARE Internacional sugiere que, en un inicio, los lugares a lo largo del delta del Mekong para reubicar a las familias de bajos ingresos se establecieron con una prestación inadecuada de servicios de agua, electricidad y saneamiento, y no se tomó muy en cuenta el lugar donde trabajan las familias o la composición de la comunidad, ni tampoco se incluyeron instalaciones públicas dentro de estos lugares. El informe también sugiere que hubo muy poca participación eficaz de la comunidad en el proceso de planificación, construcción y gestión. Actualmente, los gobiernos provinciales están abordando algunos de estos problemas.
7. Las respuestas frente a los desastres pueden exacerbar el riesgo
La ayuda alimentaria internacional desempeña un papel fundamental en los programas de asistencia humanitaria dirigidos a salvar vidas después de un desastre, cuando surgen problemas de disponibilidad de alimentos. Bajo ciertas circunstancias, también puede ser adecuado, en el contexto de programas a más largo plazo, proteger o ayudar a reconstruir los bienes productivos de los grupos más vulnerables a los desastres. Sin embargo, según lo muestran diversos estudios recientes, con frecuencia, la ayuda alimentaria ha presentado deficiencias para lograr estos objetivos, o bien, se ha demostrado que ésta ha sido contraproducente. En casos de crisis agudas, con frecuencia la ayuda ha llegado tarde o en cantidades insuficientes y, por consiguiente, ha impedido la recuperación por los efectos adversos en los precios y los incentivos. A menos que exista una reducción intensa en la disponibilidad de alimentos o fallas en el mercado, con frecuencia se prefiere el dinero en efectivo u otras formas de asistencia no alimentaria, en vez de ésta. Aún así, tanto en los programas humanitarios de emergencia, de recuperación y de medidas de protección social, la asistencia no alimentaria es la que casi invariablemente recibe recursos insuficientes.
En la región somalí de Etiopía, una hambruna en 1999-2000 —que aunque la originó una sequía, también estuvo vinculada con diversos conflictos regionales del pasado y el presente— cobró la vida de entre 10,000 y 100,000 personas. Las agencias de ayuda humanitaria llegaron tarde y la asistencia alimentaria estuvo disponible únicamente después de haber alcanzado la cantidad máxima de víctimas morales y cuando los hogares en las zonas de pastoreo ya habían perdido su ganado y sus medios de sustento. Cuando dieron inicio las operaciones de ayuda, la gente se trasladó a diversos asentamientos temporales en los alrededores de pueblos como Gode y otros centros importantes de distribución. Parece ser que las condiciones deplorables de salud y de saneamiento dieron origen a un resurgimiento de la mortalidad infantil. La respuesta humanitaria se centró de forma abrumadora en la ayuda alimentaria y así continuó. Con poca o ninguna ayuda del todo para restablecer sus medios de sustento, muchos habitantes se quedaron en Gode, atrapados en una situación de dependencia en la ayuda alimentaria, y allí permanecieron durante dos años o más. Parte de la ayuda alimentaria se vendió en los mercados locales a precios más baratos que los granos producidos localmente, lo cual menoscabó los medios de sustento de los agricultores y de los comerciantes.
8. La reducción del riesgo de desastres puede ser rentable
Algunos ejemplos de la rentabilidad de la reducción del riesgo de desastres
- El Banco Mundial y el Servicio Geológico de los Estados Unidos calcularon que las pérdidas económicas mundiales como consecuencia de los desastres durante la década de los 90 se hubieran podido reducir en unos $280,000 millones, de haberse invertido $40,000 millones en actividades de mitigación y preparación.
- En China, se considera que una inversión de $3,500 millones en medidas de control de inundaciones durante un período de 40 años evitó posibles pérdidas que ascenderían a $12,000 millones.
- En Vietnam, 12,000 hectáreas de manglares que plantó la Cruz Roja protegieron 110 kilómetros del dique marítimo. Los costos de plantación y de protección ascendieron a $1,100 millones, pero se redujeron los costos de mantenimiento del dique en $7,300 millones al año (y los manglares también han protegido a 7,750 familias que viven detrás del dique).
- Según la Oxfam, el valor del ganado que no pereció en las inundaciones de 1998 en Bangladesh por encontrarse en un albergue de 4 acres fue de hasta £150,000, en comparación con un costo de construcción de únicamente £8,650.
- Un estudio en Jamaica y Dominica calculó que las posibles pérdidas que se evitaron, en comparación con los costos de mitigación al construir infraestructura como puertos y escuelas, hubiera sido entre dos y cuatro veces más. Por ejemplo, un año después de construir un puerto de aguas profundas en Dominica, debido al paso del Huracán David hubo la necesidad de reconstruirlo con un costo equivalente al 41 por ciento de la inversión original, mientras que si se hubiera construido de forma tal que resistiera el huracán, el costo de la reconstrucción hubiera sido únicamente de un 12 por ciento.
- En el distrito de Darbhanga, en Bihar del Norte, India, un análisis sobre la relación costo-beneficio de las intervenciones para la mitigación y la preparación en caso de desastres sugiere que por cada rupia que se gastó, se generaron 3,76 rupias en beneficios. Se calculó el Valor Presente Neto (VPN) en £46,000.
- En el mismo distrito, un análisis sobre la relación costo-beneficio de la instalación de bombas manuales elevadas menos susceptibles a las inundaciones, comparó dos escenarios: uno “sin éstas” en el que las bombas del gobierno se obstruían cada año debido al sedimento y los escombros que transportaba el agua de las inundaciones y el agua subterránea bombeada estaba contaminada, y otro escenario “con éstas” en el que las bombas manuales elevadas no se obstruían. Se calculó que la relación costo/beneficio de las bombas manuales elevadas fue de 3,5 con un VPN de casi £3000.
Lecturas y referencias bibliográficas:
PNUD, Reducing Disaster Risk: A Challenge for Development.
- Resumen ejecutivo (p. 1)
- Capítulo 1: Development at Risk (p. 9)
DFID, Disaster Risk Reduction: A Development Concern. A Scoping Study on Links between Disaster Risk Reduction, Poverty and Development.
- Capítulo 3: Why should disasters be a development concern? (p. 19)
- Capítulo 4: Why does development tend to overlook disaster risk? (p. 36)
UNISDR, Vivir con el riesgo: Informe mundial sobre iniciativas para la reducción de desastres
- Capítulo 1: Vivir con el riesgo – Énfasis en la reducción del riesgo de desastres
- 1.1 Alcance del estudio: qué significa reducir el riesgo de desastres (p. 11)
- 1.2 Contexto y marco de la política de reducción del riesgo de desastres (p. 26)
UNISDR, Natural Disasters and Sustainable Development: Understanding the Links between Development, Environment and Natural Disasters. Background Paper No. 5 for World Summit on Sustainable Development (WSSD).
Fuente: Materiales desarrollados por CADRI (UNISDR / PNUD / OCHA) y traducidos a español por UNISDR en agosto del 2010
