El territorio de Chile se ubica en la costa
occidental de América del Sur; detenta una longitud
de 4,270 Km. y un ancho promedio de 200 km. La importante
extensión territorial determina una amplia variedad
de climas, suelos y biomas. En orden de norte a sur prevalece
una secuencia de ecosistemas desérticos, estepáricos,
mediterráneos, templados cálidos, templados
lluviosos, estepáricos fríos y de tundra.
Los rasgos fisiográficos distinguen un abrupto gradiente
altitudinal de oeste a este: planicie litoral, cordillera
de la Costa, depresión intermedia y cordillera de los
Andes. Por la configuración fisiográfica del
territorio, constreñido entre la cordillera de los
Andes y de la Costa, con desniveles que superan los 5 mil
metros en no más de 200 Km., este país posee
–desde el continente al mar – cuencas hidrográficas
de alto torrente, alta fragilidad en la regulación
de los flujos hídricos, alta capacidad erosiva y de
transporte de sedimentos, particularmente en áreas
desertificadas, desprovistas de vegetación y en vastas
zonas de montañas.
Chile es por tanto un país donde el 80% de su territorio
lo conforman terrenos montañosos y el 20% restante
corresponde a valles y planicies litorales, comprendidos por
montañas, mar, lagos, ríos o canales, que quiebran
su geografía austral en innumerables islas. Los procesos
de erosión y desertificación que afectan a la
mitad del territorio nacional se encuentran asociados a ecosistemas
de montaña; contribuyen en épocas estivales
a severos daños por sequía y en épocas
invernales se generan graves inundaciones, con efectos devastadores
de infraestructura y población urbana, que afectan
valiosas vidas humanas.
Las costas chilenas han sido dos veces golpeadas por tsunamis
(registrados aquí como maremotos), originados a miles
de kilómetros de distancia, es decir, sin relación
con un terremoto local.
Todos los registros sobre erupciones volcánicas en
Chile presentan un cuadro más o menos similar, en el
cual se consigna la ocurrencia de algunos fenómenos
premonitorios, tales como: sismicidad superficial local, ruidos
subterráneos, aumento de actividad fumarólica,
emanación de gases (azufre) y aumento de temperatura
en el área del cráter; ésta implica el
surgimiento de deshielos que aumentan el caudal de los ríos
(en volcanes nevados). Dichos sucesos se pueden dar tanto
en volcanes que han permanecido inactivos como en aquellos
que presentan actividad permanente. Esto puede durar algunos
días, semanas e incluso años, hasta que una
serie de temblores y ruidos subterráneos preceden a
la salida de cenizas y lava, la que escurre a una velocidad
de entre 5 y 100 Km. /h –dependiendo del desnivel geográfico
– y sigue habitualmente las quebradas del área,
desembocando en cauces de ríos o lagos.
Chile es el país que presenta una de las mayores tasas
de actividad sísmica y donde se han producido los mayores
terremotos del planeta. La sismicidad de Chile ocurre en todo
su territorio, con mayor frecuencia e intensidad entre Arica
y la Península de Taitao y también en el extremo
sur de la región de Magallanes.
Parte institucional
Con la creación de la Oficina Nacional
de Emergencia del Ministerio del Interior (ONEMI), organismo
nacional y centralizado, se gesta en el país un Sistema
Nacional de Protección Civil, que tiene una expresión
comunal, provincial y regional. Es dirigido y coordinado –de
acuerdo con las disposiciones legales vigentes – por
las municipalidades, gobernaciones, intendencias y Ministerio
del Interior, en cuyas áreas jurisdiccionales todos
mantienen su identidad y estructura.
ONEMI apoya su gestión en un Comité Nacional
de Protección Civil y Emergencia que integran más
de 40 instituciones públicas, privadas y voluntarias.
A nivel nacional, en cada instancia administrativa del país
se han conformado comités comunales, provinciales y
regionales de Protección Civil (Ley 16.282 y Decreto
Supremo Nº 156 de Interior del 12 de marzo de 2002, que
establece el Plan Nacional de Protección Civil). Al
interior de ellos se analizan vías concretas de acción,
se diseñan planes y priorizan actividades de prevención,
mitigación y preparación, adecuadas a las particulares
realidades de cada área jurisdiccional (Principio de
Ayuda Mutua).
En situación de emergencia o desastre, se constituye
el Comité de Operaciones de Emergencia, que lo integran
representantes del mismo Comité de Protección
Civil y Emergencia, pero con competencias y capacidades específicas
relacionadas con el evento de emergencia respectivo.
Este Comité de Operaciones ejerce su misión
en un Centro de Operaciones de Emergencia (COE), donde se
coordinan las decisiones y acciones de respuesta y rehabilitación.
En situaciones de emergencia se emplean en primera instancia
todos los recursos disponibles en la comuna afectada. Si la
magnitud del evento sobrepasa la capacidad local, se movilizan
escalonadamente los apoyos adicionales necesarios, sucesivamente
desde el nivel provincial, regional hasta el nacional (Principio
de Uso Escalonado de Recursos). ONEMI dispone también
de un Centro de Alerta Temprana (CAT), que tiene como misión
fundamental vigilar permanente y sistemáticamente los
distintos escenarios de riesgo en cualquier lugar del país
o del exterior, para recabar, evaluar y difundir, tan pronto
como sea posible, la información disponible sobre una
potencial o real ocurrencia de un evento destructivo, calificable
como emergencia de impacto social o desastre.