Estrategia Internacional para la Reducción de Desastres
América Latina y el Caribe  

Revista EIRD Informa - América Latina y el Caribe
Número:13 -2006 -12/2006 - 11-/2005 - 10/2005 - 9/2004 - 8/2003 - 7/2003 - 6/2002 - 5/2002 - 4/2001- 3/2001 - 2/2000 - 1/2000

 

 

Editorial

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La educación creativa
como prioridad para una nueva generación

Los próximos años constituyen un reto muy especial para nuestro mundo. Los conflictos actuales entre países y etnias, el ambiente, el uso de recursos no renovables y la pobreza requerirán creatividad y mucho esfuerzo para hacerles frente; esto si la humanidad quiere superar esta situación, que es de gran sufrimiento y puede resultar insostenible a largo plazo. Asimismo, en muchos lugares la relación que tiene el ser humano con sus entornos físico y social, con su ecosistema, precisa un cambio profundo si deseamos acercarnos al desarrollo sostenible y pretendemos reducir los riesgos a los desastres. Y es que la reducción de riesgos no es un acto aislado; está muy vinculada con nuestra actitud hacia los demás y hacia nosotros mismos, con el sentido de civismo que tenemos como sociedad, así como con la conciencia social y la forma en que nos relacionamos con todo lo que nos rodea. De allí que una sociedad que está empeñada en la búsqueda de modelos efectivos y balanceados para reducir los riesgos a los desastres suele ser también una sociedad que en otros campos del quehacer social irá avanzando.

En muchas ocasiones, la educación ha sido señalada como el factor más importante para lograr el desarrollo sostenible y como medio para cambiar actitudes y compor-tamientos en la gestión de riesgos. El Marco de Hyogo, adoptado en enero del 2005 por 168 naciones, reconoce este hecho e insta a los gobiernos y a la sociedad civil “utilizar los conocimientos, las innovaciones y la educación para crear una cultura de resiliencia a todo nivel”.

Para estimular la discusión en torno al uso de estrategias educativas como herramienta para reducir los riesgos en los lugares más diversos de nuestro planeta, la EIRD y sus socios lanzaron el 15 de junio de este año en la UNESCO (París, Francia) la campaña bianual “La reducción de desastres empieza en la escuela”. Ésta apunta a informar y movilizar a gobiernos, comunidades e individuos para asegurarse de que la reducción del riesgo de desastres esté integrada completamente en la currícula escolar de los países de alto riesgo, así también que los edificios de las escuelas estén construidos de manera que puedan soportar las amenazas naturales. La Campaña durará hasta finales del 2007, pero continuará después bajo el auspicio del Decenio de las Naciones Unidas de la Educación para el Desarrollo Sostenible.

Recientemente, la Unidad Regional de la EIRD y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF, por sus siglas en inglés) organizaron la reunión de trabajo “Identificación de herramientas y mecanismos de colaboración para la inclusión de la gestión del riesgo de desastres en el sector educativo en América Latina”, que se llevó a cabo del 14 al 16 de junio del 2006 en las instalaciones de UNICEF y el PNUD en la Ciudad del Saber, Panamá, con la participación de más de 30 personas de organizaciones internacionales expertas en el área de educación. El objetivo de esta reunión fue identificar acciones concretas en América Latina, incluyendo productos, herramientas y modalidades de cooperación, para avanzar en la inclusión de la gestión del riesgo de desastres en el sector educativo, con énfasis en la enseñanza primaria; asegurando el derecho de los niños de vivir en un entorno seguro, así como garantizar el acceso a la educación durante emer-gencias.

Si sabemos ya que la educación es una de las prioridades más apremiantes, hay que poner manos a la obra. Y es que la educación no es tarea fácil; para cambiar conductas, actitudes y opiniones se requiere trabajo, frecuentemente durante períodos prolongados, y no es algo que se logra a gran escala con un solo proyecto de poco tiempo. Es un proceso que puede ser lento pero que es muy importante seguirlo trabajando. El cambio de percepciones, el cambio de conducta y el darse cuenta del rol que uno puede jugar son procesos que normalmente llevan su tiempo.

Esto no sólo ocurre con la prevención de desastres sino en muchas otras temáticas. Un ejemplo ilustrativo en otro campo es la necesidad de tener conciencia que un estilo de vida saludable conduce a una buena calidad de vida. Aunque este hecho a muchos de nosotros nos puede parecer lógico y que requiere sólo sentido común, en realidad durante décadas hubo que realizar campañas y facilitar información para crear dicha conciencia en los distintos sectores de la población y lograr así ciertos cambios en la sociedad y a la vez cambiar estereotipos.

En el ámbito de la reducción de riesgos, existen grandes sectores de la población, incluyendo tomadores de decisiones y políticos, que todavía no tienen conciencia de la importancia que tiene la reducción de riesgos, y mucho menos saben cómo realizar acciones y estrategias de prevención. Para unos cuántos, quienes además saben muy poco del tema, es un asunto de ninguna o poca relevancia. ¡No pueden estar más equivocados!

Generalmente, para tener “conciencia” de un asunto en particular, que a la vez nos permita lograr un cambio de conducta, hace falta que se cumplan varias condiciones. Por un lado, es necesario que exista información que tenga significado, que sea entendible, que esté a la mano y además motive a que sea procesada o analizada; información que deje alguna huella, por más pequeña que sea.

Por otra parte, si esa información que se transmite logra suscitar algún proceso interno que le haga sentir al receptor que le incumbe, que la puede aplicar en alguna esfera de su vida o bien alude a algún sentimiento o valor personal o social, entonces es mucho más fácil que esa información, esa experiencia, provoque esa “conciencia” que buscamos ayudar a crear en la gente. Sin embargo, para ser de verdad exitosos en el acto de “crear conciencia”, también es importante tomar en cuenta que debemos ofrecer ejemplos, información pertinente, experiencias que permitan que el receptor, nuestro público meta, experimente la sensación de que realmente puede hacer uso de ese conocimiento, que le sirva para algo. Por último, es bueno tomar en cuenta que existen modelos ya probados e innovadores de cómo cambiar actitudes y comunicar mejor.

  • Con esto en mente, podemos dar varios ejemplos de actividades que se pueden realizar para crear conciencia sobre la prevención de desastres y la gestión de riesgos:
  • Generación y diseminación de información pública y técnica, procurando siempre que sea interesante o que tenga un significado claro y de fácil acceso. Buenos centros
    de información, sean grandes o pequeños, pueden jugar un papel en esto. De la misma forma, productos informativos como revistas y programas de radio son otros medios útiles para informar.
  • Es importante tener a la mano modelos, marcos de referencia, casos, lecciones aprendidas para ir aprendiendo más y reforzar el proceso de toma de conciencia.
    • Producción de productos informativos y educativos que puedan integrarse con otras actividades. Por ejemplo, la elaboración de juegos pedagógicos sobre el tema, que pueden recrearse en el seno familiar o en la escuela. Son actividades que generan conocimiento útil, facilitan el aprendizaje y se realizan en ambientes agradables.
  • En este contexto, se busca también incorporar la temática de la prevención en actividades curriculares de escuelas primarias, con el fin de ir formando niños que consideren la prevención de los desastres como parte de la vida cotidiana. No es tan difícil lograrlo: por ejemplo, en la asignatura de geografía o ciencias sociales se pueden incorporar ejemplos que hacen más agradable la materia, añade una dimensión de cultura general y a la vez dan elementos de formación sobre cómo reducir riesgos. Puede ser un proceso largo, pero coadyuva a formar generaciones con mayor conocimiento sobre la materia y sin duda alguna rendirá frutos a largo plazo.
  • La realización de actividades en comunidades en las que sus integrantes participan de alguna forma puede ser una herramienta muy útil. La preparación de planes de emergencia comunitarios, la hechura de mapas de riesgos o bien los recursos elaborados con ayuda de la misma comunidad son potentes motivadores y herramientas para crear conciencia.
  • La conformación de alianzas y grupos de discusión entre tomadores de decisiones, políticos y técnicos es otro mecanismo para generar conciencia, ya que permite identificar problemas comunes y redes de apoyo. Ejemplos claros son las redes institucionales internacionales o locales, la capacitación para técnicos y otras actividades de formación que fomenten el intercambio de ideas.
  • La comunicación social puede ser un mecanismo que provee exposición fácil sobre la temática, junto con otras actividades de educación. Sin embargo, no es en la práctica nada fácil reportar sobre la reducción de riesgos, ya que muchas veces requiere de capacitación previa por parte de los periodistas o que organismos especializados aporten información estructurada para este fin.

Por consiguiente, recordemos que la educación no es estática o por lo menos no debería serlo. No es una relación pasiva entre un dador de información y un receptor. Todo lo contrario, es un proceso dinámico que en cuanto estimule la capacidad creativa, mejores resultados puede aportar para formar generaciones futuras con un mayor entendimiento de su entorno y con la motivación suficiente para construir una sociedad más resiliente. La campaña bianual 2006-2007 “La reducción de desastres empieza en la escuela” nos ofrece un buen punto de partida para pensar en modelos nuevos y aprender unos de otros.


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