Estrategia Internacional para la Reducción de Desastres
Las Américas   

Revista EIRD Informa - América Latina y el Caribe
Número:13 -2006 -12/2006 - 11-/2005 - 10/2005 - 9/2004 - 8/2003 - 7/2003 - 6/2002 - 5/2002 - 4/2001- 3/2001 - 2/2000 - 1/2000

 

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Bolivia-Perú Nuevos retos para la reducción de la vulnerabilidad

Pedro Ferradas pedro@itdg.org.pe
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Impacto de los desastres

Se solía estimar los impactos de los desastres por el número de víctimas, el deterioro de la salud, la destrucción de viviendas, o la destrucción de la infraestructura y servicios; pero en los últimos años se ha tendido a evaluar otras dimensiones de los daños que corresponden a una visión más integral y adecuada de la sociedad y de los derechos de las personas; es así como se ha incidido en los impactos de más largo plazo, la pérdida de empleo, el deterioro de las condiciones ambientales, el incremento del costo de vida, el debilitamiento o ruptura de las redes e apoyo, la redistribución de la propiedad, entre otros. Además algunos economistas advierten sobre la subestimación de los daños en el sector informal y otros sugieren la necesidad de contabilizar como pérdidas los ingresos que habrían podido generar las personas de no haber muerto o sufrido discapacitación por los desastres.

Las nuevas formas de medir los impactos de los desastres no logran aún resolver un aspecto crucial, la necesidad de diferenciar los impactos según las características de las personas, familias y comunidades. Ello significaría la posibilidad de incidir más sobre las personas y familias más vulnerables, pero también el tener en cuenta los “desastres invisibles” como es el caso de las sequías, o las pequeñas emergencias locales. Estas han tendido a ser ignoradas a) porque las pérdidas económicas no resultan significativas para el país, a pesar de que pueden causar la muerte y pérdida materiales irrecuperables para las familias afectadas. b) porque se asume equivocadamente que dadas las capacidades existentes en nuestros países los afectados por desastres locales en comunidades aisladas se recuperaran con el apoyo nacional. c) porque existen muchos pueblos que no conocen sus derechos y no tienen acceso para informar y ser informados. d) porque se ignora que la acumulación de desastres locales evidencian el incremento extremo de condiciones de riesgo, y que la suma de los daños causados por estos superan muchas veces a los de los grandes desastres.

Todo lo anterior nos debería llevar a una versión renovada del concepto de riesgo: la posibilidad del impacto inmediato o mediato, directo o indirecto de los desastres de diversa dimensión y visibilidad; posibilidad que como bien sabemos, se va generando previamente en el proceso de desarrollo a consecuencia de la interacción entre las amenazas y las condiciones de vulnerabilidad.

 

Vulnerabilidad

En la literatura sobre los desastres en América Latina encontramos dos aproximaciones al concepto de vulnerabilidad; uno de carácter descriptivo: las condiciones inseguras de vivienda, salud, alimentación, bajos ingresos, pobreza, edades, ocupación de espacios peligrosos, desarticulación social, y la poca conciencia, determinan que las personas y sus bienes estén más expuestos a las amenazas.

Una segunda aproximación ve la vulnerabilidad como proceso en el que interactúan tales condiciones inseguras con dinámicas más globales como las migraciones, las políticas de población, los cambios científicos tecnológicos, y los efectos de los desastres anteriores; a los que habría que agregar los factores estructurales, como el acceso a los recursos, las relaciones de producción, y la cultura.

En la medida en que en la segunda aproximación la vulnerabilidad es un proceso de generación y diferenciación (espacial, económica, cultural, de género y generacional) resulta más pertinente hablar de la vulnerabilidad de determinados sectores sociales o en determinados espacios, como hacemos en el presente artículo.

Si bien en las definiciones de vulnerabilidad está implícita la relación inversa entre vulnerabilidad y capacidades, podemos constatar que en nuestros países aún no se valora suficientemente la importancia de éstas para la reducción de riesgos. Ello ha motivado que algunos análisis más recientes sugieran incorporar explícitamente las capacidades en los análisis de riesgo, lo que de otro lado podría enriquecer las perspectivas para su reducción.

Vulnerabilidad y derechos de la niñez

La vulnerabilidad está condicionada también por el desarrollo biológico de las personas y las distintas capacidades derivadas de ello para afrontar los riesgos y emergencias; la vulnerabilidad de los niños depende además de su entorno familiar, escolar, comunitario, institucional y, laboral para un creciente número de ellos.

El entorno familiar resulta clave porque en él se pueden generar condiciones para la protección directa de los niños o en contraposición condiciones inseguras que pueden derivar en su afectación física. Estas condiciones no sólo están referidas a las características de las viviendas y los aspectos no estructurales de las mismas, sino al nivel de conocimiento, organización y comportamiento de las familias frente a los riesgos. La composición y número de las familias y el abandono de los padres frecuente en los países de la región Andina inciden en la vulnerabilidad de la niñez al debilitar las capacidades de respuesta de las familias frente a los desastres. La solidaridad entre las familias asociada a la mayor vigencia de las familias extensivas constituye el principal mecanismo de ayuda humanitaria, como lo señala la Cruz Roja Internacional.

El entorno escolar y el comunitario tienen también importancia como espacios de articulación entre las familias, la comunidad y las instituciones para reducir tales riesgos. En tales escenarios resulta imprescindible el fortalecimiento de las capacidades de las organizaciones e instituciones que inciden en la reducción de la vulnerabilidad de la niñez.

La vulnerabilidad de la niñez está mediada por la capacidad de nuestra sociedad para protegerla y por las políticas en relación con sus derechos. Si bien es usual ver las imágenes de niños víctimas de los desastres, poco o nada se hace sobre la desinformación que padece la niñez, sus condiciones de inseguridad, la interrupción de las actividades escolares, el impacto psicológico, su menor posibilidad de expresarse, o la pérdida de espacios de recreación.

La información sobre los riesgos y su orientación para reducirlos o protegerse durante las emergencias constituyen condiciones necesarias para el ejercicio de los derechos de la niñez y la protección de los niños y sus familias, Para que la información sea accesible es indispensable considerar el papel de la escuela y los medios de comunicación.

La educación, afirma Sálvano Briceño, Director de la EIRD-ONU, es esencial para inculcar la cultura de prevención y desarrollar en los niños, desde la más temprana edad, las capacidades técnicas, gerenciales y el liderazgo necesarias para formarlos, como tomadores de decisiones en este tema.

La escuela y la gestión de riesgo

La escuela resulta un escenario clave para la seguridad física de la niñez que tiene acceso a ella, tanto por el potencial desarrollo de aptitudes y actitudes para reducir la vulnerabilidad, como por su proyección a la familia y comunidad. Además las escuelas constituyen un recurso en nuestros países para albergar temporalmente a las familias damnificadas. En las escuelas de los países andinos se ha incidido en la preparación para afrontar emergencias y no suficientemente en la educación para reducir los riesgos de desastres.
En el caso del Perú, el ministerio promueve la capacitación de docentes, la formación de brigadas escolares de defensa civil en cada escuela y los planes de seguridad escolar. A pesar de ello las iniciativas desde las escuelas siguen siendo escasas, respondiéndose más a las directivas institucionales que a los riesgos existentes. Son insuficientes las iniciativas para el desarrollo de actividades extracurriculares que de acuerdo con las políticas vigentes tiene cada vez más importancia en el sistema educativo. Ello podría explicarse en parte porque las diversas organizaciones e instituciones de la comunidad educativa no han sido integradas en las estrategias de prevención de desastres en las escuelas, como es el caso de los municipios escolares, las brigadas ecológicas y las defensorías municipales, los que constituyen un potencial significativo para las estrategias de capacitación y de coordinación en las escuelas, sin que necesariamente tengan que sustituir a las Brigadas Escolares de Defensa Civil.

Los escenarios locales en Bolivia y Perú

Uno de los principales retos par el desarrollo de las estrategias de gestión de riesgo corresponde con los cambios instritucionales y su incidencia en las capacidades locales. En Bolivia y Perú estos cambios están orientados a la descentralización de las funciones del Estado hacia los gobiernos locales, y hacia el fortalecimiento de la participación ciudadana.

En Bolivia se han implementado reformas importantes para promover la participación ciudadana y transferir recursos y funciones a los municipios.

En el Perú es destacable el proceso inicial de transferencia de la educación y salud a los municipios, a lo que se agrega la aprobación de diversas normas que promueven la participación de la población y la reciente formación de gobiernos regionales que asumirán progresivamente funciones que actualmente cumple el Gobierno central en relación con la Defensa Civil.

Esto significa que en los próximos años los municipios tendrán un papel clave en la educación y en la gestión de riesgos. Los cambios que se vienen operando en la región Andina podrán pues incidir significativamente en la reducción de la vulnerabilidad, en la medida en que estén acompañados de un efectivo fortalecimiento de las capacidades locales.


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