Estrategia Internacional para la Reducción de Desastres
Las Américas   

Revista EIRD Informa - América Latina y el Caribe
Número:13 -2006 -12/2006 - 11-/2005 - 10/2005 - 9/2004 - 8/2003 - 7/2003 - 6/2002 - 5/2002 - 4/2001- 3/2001 - 2/2000 - 1/2000

 

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Respuesta de la salud pública a las armas biológicas y químicas Guía de la OMS

 

Han transcurrido treinta años desde que la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó el informe de 1970 Health aspects of chemical and biological weapons (Aspectos de la salud en las armas químicas y biológicas) (1) y durante este período se han presentados cambios significativos.

Del lado negativo, hubo uso a gran escala del gas mostaza y de los gases nerviosos en la guerra Irán-Irak; el uso reportado de estos agentes por parte del Gobierno iraquí contra sus propios ciudadanos, el más llamativo en Halabjah en marzo de 1988 ; y el uso de sarín en dos ocasiones (en 1994 y en 1995) por el culto religioso Aum Shinrikyo en sitios públicos de Japón, incluso en el metro de Tokio. El culto también hizo preparativos para usar armas biológicas, afortunadamente ineficaces. La diseminación de esporas de ántrax a través del servicio postal de los Estados Unidos en el 2001, con la muerte de cinco personas, ha aumentado aún más los temores del bioterrorismo.

Del lado positivo, la Convención sobre Armas Biológicas (CAB) y la Convención sobre Armas Químicas (CAQ) entraron en rigor en 1975 y 1997, respectivamente, y la Organisation for the Prohibition of Chemical Weapons (OPCW) (Organización para la Prohibición de Armas Químicas) ha iniciado su trabajo de supervisión de la destrucción de las reservas y fábricas de armas químicas, incluso las de la Federación Rusa y las de Estados Unidos, y la vigilancia de la industria química mundial para prevenir su futuro uso indebido. Por tanto, se han eliminado por ahora las inmensas amenazas biológicas y químicas que existieron durante la Guerra Fría para grandes grupos de población de Europa y Asia, cuando había enormes reservas activas de armas químicas y preparaciones activas para una confrontación bélica continental con armas biológicas. Estos y otros avances, tanto técnicos como políticos, durante este período, originaron la necesidad de una revisión. El resultado ha sido esta segunda edición.

La parte principal de este informe consta de seis capítulos. Están apoyados por siete anexos que contienen información técnica más detallada.

Los capítulos 2 y 3 describen la forma como los agentes biológicos y químicos pueden poner en peligro la salud pública. Su propósito es la identificación de lo que es esencial en cualquier planeación para evitar o, por lo menos, mitigar las consecuencias de la liberación intencional de tales agentes.

En el capítulo 4, se utilizan los principios estándar de manejo de riesgos para resumir los pasos que los Estados Miembro pueden tomar en su preparación para la posibilidad de que se liberen intencionalmente agentes biológicos o químicos con el fin de causarle daño a su población. La intención es suministrar, no la guía detallada de un manual de operaciones, sino una revisión de los componentes de la preparación junto con una guía de las fuentes para una información más detallada.

El capítulo 5 considera la parte que la ley, nacional e internacional, puede desempeñar en la planeación de la preparación, que incluye su papel vital y potencial para la movilización de la ayuda internacional, mientras que el capítulo 6 identifica las fuentes disponibles para tal ayuda.


Para mayor información contactar a:
Organización Panamericana de la Salud
Oficina Sanitaria Panamericana, Oficina Regional de la
Organización Mundial de la Salud
disaster@paho.org
www.paho.org/desastres/

Afirmación del Secretario General de las Naciones Unidas a la Asamblea General el 12 de octubre de 1998, documento A/C.1/53/PV.3, 3–5.


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