Estrategia Internacional para la Reducción de Desastres
América Latina y el Caribe  

Revista EIRD Informa - América Latina y el Caribe
Número:13 -2006 -12/2006 - 11-/2005 - 10/2005 - 9/2004 - 8/2003 - 7/2003 - 6/2002 - 5/2002 - 4/2001- 3/2001 - 2/2000 - 1/2000

 

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Riesgo Sísmico y Comportamiento Social
Virginia Rodríguez de Acosta, Arquitecto - Especialista en Prevención, Mitigación y Manejo Integrado en Areas Propensas a Desasatres. Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño. Universidad Nacional de San Juan. deskjet@uolsinectis.com.ar

Situación actual en América Latina

El riesgo sísmico es algo propio, natural de algunas regiones del mundo, pero el riesgo de que ocurra alguna catástrofe depende del grado de peligrosidad sísmica y de vulnerabilidad que presente un hábitat determinado.

Durante las dos últimas décadas, los desastres, y particularmente los provocados por terremotos, han venido aumentando sus consecuencias destructivas, puesto que han ido afectando mayores concentraciones de población y de bienes materiales y culturales, provocando cuantiosos daños en regiones y países.

Estimaciones de las Naciones Unidas preveen para este Siglo que más del 50% de la población mundial vivirá en zonas urbanas. En el año 2000, 17 de las 20 ciudades más pobladas del mundo se hallarán situadas en países en vías de desarrollo. En el año 2025, el 80% de los residentes del mundo se hallarán concentrados en países en vías de desarrollo.

En el caso de América Latina, este proceso se da en forma concentrada. Hay un gran aumento de la población y de actividades económicas en algunos puntos del territorio. El 75% de la población de América Latina reside en zonas urbanas, se preve que se alcanzará un 85% en las próximas décadas.

Este rápido proceso de urbanización incrementa el impacto de los eventos naturales. Los impactos más severos lo sufren los países más pobres, y específicamente los sectores más pobres de su población.

La problemática de los desastres naturales debería ser entendida como un problema aún no resuelto del desarrollo, en el sentido de que los desastres no son eventos de la naturaleza per se, sino más bien situaciones que resultan de la relación entre lo natural y la organización y estructura de la sociedad. Las políticas de desarrollo urbano y regional, además de las políticas económicas y sociales sectoriales, en general no tienen en cuenta la problemática de los desastres, y en ocasiones están agudizando la vulnerabilidad.

“Desastre” no es sinónimo de “Fenómeno”.
El fenómeno sísmico es “inevitable”, depende de la naturaleza.
El desastre es “evitable”, depende del hombre.

Los desastres en América Latina y el Caribe son un problema en aumento, y su impacto es cada vez mayor debido a los estilos o modelos de desarrollo imperantes en la región.

El crecimiento poblacional y los procesos de urbanización, las tendencias en la ocupación del territorio, el proceso de empobrecimiento de importantes segmentos de la población, la utilización de sistemas organizacionales inadecuados y la presión sobre los recursos naturales, han hecho aumentar en forma continua la vulnerabilidad de la población frente a una amplia diversidad de peligros naturales (Declaración de Cartagena de Indias, Colombia 1994).

Desastres y fenómenos naturales

Pensar que los desastres dependen sólo del evento o fenómeno natural, desconociendo la intervención del ser humano en su ocurrencia, lleva implícito un concepto de indefensión total del hombre frente a la naturaleza, que provoca una conducta pasiva, de sometimiento a lo inevitable.

Comprender a los desastres, contem-plando la importancia del “fenómeno natural”, pero también la de la vulnerabilidad que presenta el hábitat, nos permite visualizar que la probabilidad o riesgo de que ocurra un desastre depende no sólo de factores de la naturaleza, sino de factores sociales, económicos, políticos y culturales, que tienen que ver con el ser humano en un momento histórico de su desarrollo, y que hacen a ese hábitat más o menos vulnerable. Esta concepción de desastres facilita que cada uno, desde su accionar, individual o social, tiene la posibilidad de trabajar para reducir los riesgos y la probabilidad de catástrofe provocado por un evento destructivo sobre el hábitat.

Importancia de la prevención

Tan importante es el conocimiento del comportamiento de la naturaleza, como el conocimiento del comportamiento humano en zona sísmica. Este último nos permite incorporar un factor activo de lucha constructiva, de prevención, importantísimos de tener en cuenta, no sólo en el momento de ocurrencia del terremoto destructivo y probable desastre, sino antes, en el período previo a la ocurrencia del fenómeno natural, controlando la probabilidad de desastre a través del control de los niveles de vulnerabilidad del hábitat, actuando sobre factores físicos, sociales, económicos y culturales.

De los fondos internacionales destinados al manejo de amenazas naturales, más del 90% se utiliza durante la emergencia y para la posterior rehabilitación. El resto, menos del 10%, se utiliza en prevención de desastres.

La experiencia internacional demuestra que el impacto de los eventos naturales puede ser reducido si se trabaja en los aspectos de identificación del riesgo y medidas de mitigación. Los beneficios de reducir la vulnerabilidad son mayores que los costos que implica.

El comportamiento humano puede y debe ser una herramienta fundamental para disminuir una de las causas clave del desastre: la vulnerabilidad del hábitat. Esto implica lograr un cambio en las conductas individuales o sociales, que se expresen en acciones concretas del Estado y la sociedad civil, y coordinadamente apuntan a la PREVENCION y REDUCCION de FACTORES de RIESGO.


Cultura de prevención:
responsabilidad frente a la vulnerabilidad.

Si tomamos conciencia de que nos hemos convertido en sociedades muy vulnerables frente a amenazas naturales o provocadas por el hombre, es imprescindible iniciar un cambio en las prácticas o comportamientos sociales, con el objetivo de no continuar comprometiendo las posibilidades de desarrollo actuales y de las generaciones futuras.

La Reducción de Desastres es un compromiso de TODOS. Por esto, es necesario promover una CULTURA DE PREVENCIÓN SISMICA entre el Estado y Sociedad Civil.

El rol de los MEDIOS DE COMUNICACION MASIVA y del SISTEMA EDUCATIVO FORMAL en todos sus niveles, son herramientas idóneas y muy poderosas, para lograr un cambio en el Comportamiento Social, e inducir la Participación y Compromiso Comunitario, en el desarrollo de acciones de Prevención Sísmica, en todo nuestro territorio provincial. “Es mejor Prevenir que lamentar”.


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