Estrategia Internacional para la Reducción de Desastres
América Latina y el Caribe  

Revista EIRD Informa - América Latina y el Caribe
Número:13 -2006 -12/2006 - 11-/2005 - 10/2005 - 9/2004 - 8/2003 - 7/2003 - 6/2002 - 5/2002 - 4/2001- 3/2001 - 2/2000 - 1/2000

 

Editorial

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Vivir con el riesgo en un cambio climático



El año 2002 fue un período de acontecimientos extremos. Durante el mismo, diversos científicos registraron cifras récord de fuertes vendavales, lluvias e inundaciones que ocurrieron en diferentes regiones del mundo. En conjunto, se estima que unas 11.000 personas perecieron a causa de distintos desastres naturales1. La cantidad de eventos registrados durante el 2002 fue aproximadamente 700, y las correspondientes pérdidas económicas alcanzaron la suma de $55 billones de dólares2. Hacia finales del año, se hizo cada vez más evidente que se estaba produciendo un nuevo acontecimiento de El Niño en el Pacífico: Australia enfrentó graves sequías y devastadores incendios forestales, mientras que las inundaciones asolaron la costa del Pacífico de los Estados Unidos.

En América Latina y el Caribe, los huracanes, las inundaciones y las sequías fueron los peligros más comunes que ocasionaron daños en las comunidades ubicadas en diferentes partes de esta región. Sin precedentes en la historia de Cuba y siguiendo una trayectoria similar, dos huracanes, Isidore y Lili, azotaron la Isla de la Juventud y Pinar del Río en solamente un período de 10 días. A pesar de que ambos huracanes dañaron diversas plataformas petrolíferas mar adentro, los mismos perdieron considerablemente su intensidad al llegar a la costa. Miles de escuelas e instalaciones de salud, sin embargo, resultaron dañadas o completamente destruidas; algunos asentamientos costeros fueron literalmente barridos, y otros poblados permanecieron aislados debido a las fuertes inundaciones. Pese a su gran intensidad, ambos huracanes solamente ocasionaron una muerte, gracias a los efectivos sistemas de alerta temprana y a la evacuación de unas 700.000 personas a lugares más seguros que el Gobierno de Cuba llevó a cabo.

En Ecuador, la erupción de Reventador, el volcán “olvidado” no cobró vidas, pero causó severos daños a los cultivos y las zonas de pastoreo ubicadas en comunidades cuya principal fuente de ingresos es la cría de ganado.

Dos tercios del total de los desastres están relacionados con los eventos hidrometeorológicos y los sistemas económicos y sociales resultan afectados debido a las crecientes inundaciones y sequías. Según el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés), existe un alto grado de certeza de que una serie de acontecimientos climáticos extremos, tales como sequías, inundaciones, incendios forestales, fuertes tormentas, elevación en el nivel del mar y huracanes, incrementarán tanto en frecuencia como en severidad durante el Siglo XXI. Ello, debido a los cambios en el clima promedio y/o las variaciones que se produzcan dentro del mismo3. Los países en desarrollo, y en especial las comunidades o grupos más pobres, son los que a menudo poseen menos capacidad para hacerle frente a los nuevos desafíos. Los avances en la adaptación, por lo tanto, son vitales y requerirán de la integración de estrategias para la reducción de riesgos en otras iniciativas de políticas sectoriales, dentro de la planificación del desarrollo sostenible.

El cambio climático constituye un complejo reto para la humanidad debido a que todos los sectores y actividades humanas resultan afectados. Desde 1992, este fenómeno ha mantenido un alto perfil político y ha adquirido mayor importancia. Como resultado de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) y su correspondiente Protocolo de Kioto, se estableció un régimen internacional sobre el tema, el cual canaliza una amplia gama de actividades en el plano mundial. A la fecha, el enfoque principal ha sido la reducción de emisiones de gas, más que la adaptación. A través de los acuerdos de Marrakech del 2001, sin embargo, se efectuaron pasos significativos para también abordar la reducción de la vulnerabilidad y la adaptación.

En el ámbito mundial, los efectos del cambio climático y los riesgos que representan tanto para la calidad como para el suministro del agua, ha causado que cada año un creciente número, estimado en 70 millones de personas, se exponga a situaciones de riesgo. Como resultado de esta alarmante realidad, tanto la comunidad internacional como los gobiernos nacionales han mostrado mayor preocupación con respecto a los temas de adaptación y reducción de riesgos. Las políticas internacionales y las fuentes de financiamiento no deben continuar abordando los peligros naturales relacionados con el clima y el cambio climático de forma separada. Con el tiempo, aprender a enfrentar la variabilidad climática y los acontecimientos extremos es una excelente manera para desarrollar nuestra capacidad de adaptación y reducir el impacto que los desastres ocasionan. Al respecto, la continua labor para comprender mejor el fenómeno de El Niño reviste particular importancia.

Actualmente, el tema de la reducción de desastres también está adquiriendo relevancia tanto al interior como fuera de las Naciones Unidas. En su documento titulado “Informe sobre el Fortalecimiento de la ONU” (Reforma de la ONU, emitido el 23 de setiembre del 2002), el Secretario General de la organización hace referencia a la necesidad de “prepararnos mejor ante los desastres naturales e incorporar el manejo de la reducción de riesgos en las estrategias ambientales, para la reducción de la pobreza y el desarrollo”. En vista del creciente impacto de los desastres naturales en el desarrollo, la reducción de los mismos es uno de los objetivos incluidos en las Metas de Desarrollo del Milenio y, como parte de los principales resultados de la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible (CMDS), ello se incluyó como una de las nuevas áreas dentro de este tipo de desarrollo.

Ya se han alcanzado logros significativos durante este año a través de la integración de la reducción de desastres como parte del desarrollo sostenible. Ello se confirmó a través de la Declaración Política y el Plan de Implementación de la CMDS, celebrada en Johannesburgo a principios de este año (referirse a la página 12 para mayor información). También, ya se han efectuado pasos promisorios en lo que respecta a sensibilización pública e implementación de sistemas efectivos de alerta temprana. Sin embargo, lograr el apoyo de esta implementación por parte de agencias, gobiernos y otros grupos sectoriales claves, al igual que el suministro de herramientas prácticas y la elaboración de recomendaciones para la acción, continúan representando los principales desafíos para la EIRD. La supervisión sistemática, la revisión y la evaluación del progreso logrado, con el fin de contribuir a esta implementación, también son una necesidad urgente por abordar dentro de la EIRD.

Como parte de este proceso de monitoreo y revisión, en agosto del 2002, la Secretaría de la EIRD lanzó la versión preliminar de “Living with Risk: A global review of disaster reduction initiatives” [Viviendo con el Riesgo: Una revisión global de las iniciativas para la reducción de desastres] para propósitos de consulta y con el fin de obtener retroalimentación por parte de importantes expertos en la materia. El informe es un primer esfuerzo por recopilar y sistematizar información sobre iniciativas relacionadas con la reducción de desastres en el ámbito mundial, ilustrando la amplia gama de actividades y la gran cantidad de autores involucrados. La revisión se basa en ejemplos de actividades y sus diversas aplicaciones, e identifica, cuando ello es posible, las tendencias de las mismas. Se inicia con los importantes contextos del desarrollo sostenible en torno a la reducción de riesgos de desastres. Posteriormente, se incluye un capítulo sobre tendencias y evaluación de riesgos. Asimismo, diversas secciones describen algunos de los elementos en juego en materia de reducción de riesgo de desastres, ilustrándolo con ejemplos mundiales, regionales y nacionales. El texto completo de esta publicación se encuentra disponible en Internet: www.unisdr.org y www.eird.org.

Todavía existe la carencia de una revisión sistemática de las continuas iniciativas que se producen. Con el tiempo se necesitará instaurar un amplio marco para medir los esfuerzos dirigidos a la reducción de riesgos de desastres, lo cual establecería una etapa de desarrollo de metas específicas para la reducción de los mismos y para establecer prioridades para la acción. La presente revisión de la EIRD es un paso hacia adelante y representa una oportunidad para llevar a cabo consultas y establecer redes de trabajo.

Para mayor información, favor comuníquese con la Unidad Regional de la EIRD para América Latina y El Caribe (eird@eird.org)

El Año Internacional del Agua Dulce 2003

La Asamblea General de las Naciones Unidas ha declarado 2003 como el Año Internacional del Agua Dulce. Según la ONU, actualmente, cuatro de cada 10 personas en el mundo viven en áreas que sufren escasez de agua. Hacia el año 2025, unos dos tercios de la población mundial –cifra estimada en 5.5 billones de personas-, vivirán en países que enfrentarán problemas de escasez de agua. También se espera que las sequías empeoren en el futuro. Las Naciones Unidas, los gobiernos y otros socios no gubernamentales y del sector privado se encuentran planificando una serie de actividades para conmemorar el Año Internacional del Agua Dulce. En marzo próximo se celebrarán el tercer Foro Mundial y la Conferencia Ministerial sobre el Agua, en Kioto, Shiga y Osaka, Japón. En estos eventos también se abordará el tema de la reducción de desastres.El tema de la Campaña Mundial para la Reducción de Desastres 2003 estará relacionada con el Año Internacional del Agua Dulce. Pronto estará disponible mayor información sobre los objetivos específicos y actividades propuestas para la campaña, en la siguiente página de Internet: www.eird.org


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