Estrategia Internacional para la Reducción de Desastres
América Latina y el Caribe  

Revista EIRD Informa - América Latina y el Caribe
Número:13 -2006 -12/2006 - 11-/2005 - 10/2005 - 9/2004 - 8/2003 - 7/2003 - 6/2002 - 5/2002 - 4/2001- 3/2001 - 2/2000 - 1/2000

 

Tema especial: Areas Montañosas

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La reducción de los desastres en las zonas montañosas

Ya sea que vivamos en una zona costera o a mayor altitud, todos estamos conectados con las montañas y éstas nos afectan de muy diversas maneras. Las montañas son ricas en biodiversidad; también albergan a algunos de los pueblos más pobres del mundo. Fuentes importantes de agua y energía, también lo son de muchos recursos fundamentales como minerales, bosques y productos agrícolas. Como los complejos ecosistemas que son, los entornos de altura son esenciales para la estabilidad ambiental del planeta.

A menudo se habla de las montañas como las “torres de agua del mundo”. Debido a su tamaño y forma, las laderas interceptan el aire que circula por el globo y hacen que se desplace hacia arriba, donde se condensa en nubes, lluvia y nieve. Más de la mitad de la población mundial depende del agua dulce que se origina en las cordilleras.

Las actividades humanas están afectando profundamente el clima, y las montañas son un barómetro del cambio climático mundial. Por su altitud y orientación al sol, los ecosistemas montañosos se trastornan fácilmente por un cambio de temperatura. Los glaciares de montaña se están derritiendo a un ritmo sin precedentes. De continuar las tendencias actuales, se calcula que para fines de este siglo muchos de los glaciares montañosos del mundo habrán desaparecido completamente. Por ejemplo, el derretimiento de la capa helada del cerro Quelccaya, en Perú, ha pasado de tres metros a 30 metros por año, poniendo en peligro el suministro de agua dulce de 10 millones de personas. Muchos climatólogos creen que el deterioro de los glaciares montañosos es uno de los primeros indicios perceptibles del calentamiento planetario.

¿Sabía usted que...?
  • Las montañas son una de las mayores fuentes de biodiversidad en el mundo. Ofrecen albergue a incontables variedades de plantas y animales. En los Andes, por ejemplo, los agricultores conocen hasta 200 diferentes variedades nativas de la papa o patata.
  • Más de la mitad de la humanidad depende de las montañas para obtener agua potable, cultivar alimentos, producir electricidad y generar riqueza, aunque ésta última generalmente sea desigual.
  • De las 20 especies de plantas que brindan el 80% de la alimentación mundial, seis se originaron en las montañas.
  • Debido a su forma y tamaño, las montañas presentan una amplia gama de condiciones climáticas. Ascender tan solo 100 m por una ladera montañosa puede ofrecer tanta variedad climática como recorrer 100 Km. por una planicie.
  • Las montañas son un barómetro del cambio climático mundial, porque los frágiles ecosistemas montañosos son sumamente sensibles a los cambios de temperatura.
  • Los Andes se extienden 8.000 Km. a lo largo de la costa occidental de América del Sur. Es la cordillera más larga del mundo.
  • Los Andes es la segunda cordillera más alta del mundo. Sólo los superan los Himalayas en Asia Sudcentral.
  • El mosquito Aedes aegypti, que transmite el dengue, tradicionalmente no ha sido capaz de sobrevivir por encima de los 1.000 m sobre el nivel del mar. En años recientes, sin embargo, se han reportado mosquitos a 1,150 m de altura en Costa Rica, y a 2,200 m en Colombia.
  • Cerca del 90% de los bosques nubosos del norte de los Andes ha desaparecido. La deforestación y las prácticas agrícolas inapropiadas aceleran la erosión de las laderas, incrementando la probabilidad de avalanchas, aludes y crecidas torrenciales.

Las montañas: regiones en riesgo

La verticalidad de las montañas hace que sus superficies resulten sumamente inestables e incrementa su vulnerabilidad a muchas amenazas naturales, como los terremotos, los aludes, los deslizamientos de rocas, las avalanchas de nieve y las erupciones volcánicas. Las inundaciones por desbordamiento de los lagos glaciares son otro fenómeno común en las zonas montañosas. Debido al calentamiento planetario, se prevé que las áreas montañosas se tornen aun más peligrosas conforme el derretimiento del gelisuelo y los glaciares aceleran la erosión del suelo y la frecuencia de los aludes, las inundaciones y las avalanchas.

Otra consecuencia indirecta del calentamiento planetario en las regiones montañosas es el riesgo creciente de enfermedades infecciosas. Según algunos científicos, los mosquitos que transmiten la malaria, el dengue y el paludismo están colonizando nuevos territorios a alturas superiores conforme aumenta la temperatura del globo.

Ciertas actividades humanas contribuyen a la fragilidad y vulnerabilidad del terreno montañoso. Por ejemplo, la tala desmedida de árboles para extraer la madera o sembrar cultivos agrava la erosión, incrementando a su vez la probabilidad de avalanchas, aludes e inundaciones. La deforestación a menudo es una secuela del crecimiento demográfico acelerado, la distribución desigual de la propiedad, la propiedad no titulada y la falta de instituciones fuertes y estables.

A veces, los seres humanos contribuyen directamente a su propia vulnerabilidad al construir sus hogares en laderas inestables, planicies aluviales, o demasiado cerca de ríos peligrosos que se originan en las montañas y experimentan crecidas torrenciales.

Otro factor que contribuye a la vulnerabilidad de estas zonas, en particular en los Andes, es la emigración rural a las ciudades. La dinámica de la migración implica la rápida expansión de los centros urbanos, así como el crecimiento exponencial de cinturones de miseria en áreas peligrosas, tales como cerros vecinos o planicies aluviales, sin contar con acceso a tecnologías seguras de construcción.

Cada año, la región andina sufre el devastador impacto de diferentes tipos de amenazas naturales. Las más recientes incluyen las inundaciones que afectaron Bolivia este año, el terremoto de Perú del 2001 y los aludes de lodo en Venezuela en 1999.

Dos ejemplos de terremotos particularmente destructivos en la región andina son el de 1960 en Chile y el de 1970 en Perú. En mayo de 1960, un sismo de 8,3 en la escala de Richter golpeó el sur de Chile, matando a unas 5.000 personas y provocando gran devastación en Valdivia y Puerto Montt. Una década después, un terremoto de menor magnitud (7,7) sacudió el norte de Perú, provocando más de 66.000 muertes y erradicando la ciudad de Huaraz y los poblados de Yungay y Ranrahirca.

Hacia el desarrollo sostenible de las áreas montañosas

Desafortunadamente, muchas veces las decisiones que tienen un impacto en las montañas y sus habitantes, por ejemplo sobre la gestión de los bosques montañosos, se toman muy lejos del lugar, dejando a las comunidades de montañeses sin poder ni influencia sobre su propio destino. Esta es una de las razones por las que la mayoría de tales comunidades viven sumidas en la pobreza, en condiciones altamente vulnerables. Uno de los objetivos del Año Internacional de las Montañas, 2002, es aliviar la pobreza de los montañeses volviendo a poner el poder en sus manos. Esto a su vez protegería los bosques de altura y reduciría el impacto de las amenazas naturales. Entre las medidas propuestas para alcanzar ese objetivo se encuentran la reinversión en las áreas montañosas de los ingresos generados por el uso de sus bosques, el apoyo a los derechos de propiedad comunitaria titulada, la descentralización del poder y del rendimiento de cuentas, el establecimiento de alianzas y el fortalecimiento de los vínculos entre la experiencia local y el conocimiento científico.

Muchos climatólogos creen que las montañas nos ofrecen una vista previa de lo que podría suceder en las tierras bajas a unos años de distancia. De ser así, la información sobre el estado de los entornos montañosos es vital para ayudar a los gobiernos y las instituciones internacionales a generar estrategias para el desarrollo sostenible de las montañas, así como para organizar campañas para revertir las tendencias actuales que contribuyen al calentamiento planetario.

El siguiente gran reto para los gestores de desastres, planificadores, legisladores y funcionarios de agencias de desarrollo será mitigar y reducir el impacto de las amenazas naturales en los entornos de altura. Si bien es imposible evitar la ocurrencia de fenómenos naturales en las áreas montañosas, su impacto se puede reducir considerablemente si cambian los actuales patrones de desarrollo y se protegen los vulnerables y frágiles ecosistemas elevados.

Fuente: www.mountains2002.org


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