Estrategia Internacional para la Reducción de Desastres
Las Américas   

Revista EIRD Informa - América Latina y el Caribe
Número:13 -2006 -12/2006 - 11-/2005 - 10/2005 - 9/2004 - 8/2003 - 7/2003 - 6/2002 - 5/2002 - 4/2001- 3/2001 - 2/2000 - 1/2000

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La información y el conocimiento: reflexiones para una adecuada gestión de centros de información en desastres

CRID: Reunión Regional Desarrollo del Toolkit para la Gestión de Información sobre Desastres
Hotel Radisson Europa — San José, Costa Rica — 21-22 de septiembre de 2004

Zaida Sequeira 0rtiz

Un nuevo enfoque sobre los alcances de la información para crear sostenibilidad y desarrollo, está generando un sinnúmero de discusiones y aportes, apenas comenzando este nuevo milenio. Muchas de las ideas que se resaltan enfocan el siglo XXI como la era en donde la información y las tecnologías de comunicación tendrán supremacía y su adecuado uso será la condición absolutamente necesaria para lograr el desarrollo humano sostenible.

Es evidente que el mundo está acercándose rápidamente a muchos umbrales críticos, Las personas y las sociedades están tornándose más vulnerables a los desastres de origen natural debido a muchas causas, El índice de riesgo climático, según figuras de un documento preparado por el CIAT, el Banco Mundial y la UNEP muestra que, en total, poco más de un cuarto de la tierra de la región centroamericana (27 por ciento) está en riesgo de inundación y alrededor de un tercio de Centroamérica está en riesgo de sequía. Una proporción significativa de esta región (40 por ciento) está en riesgo de inundación o sequía grave. Si nos atenemos a los hechos devastadores de George, Frances e Iván en solo un mes, podríamos afirmar que estamos viviendo en una región con los más altos niveles de vulnerabilidad.

Paradójicamente varios de estos efectos podrían atenuarse, muchas de estas causas podrían ser evitables, si los gobiernos y las poblaciones pudieran hacer un adecuado uso de la información que existe, como por ejemplo las consecuencias del crecimiento de la población y la densidad urbana, el deterioro ambiental y `el cambio climático`. Aunque los riesgos naturales y relacionados amenazan cada sociedad, en la práctica son proporcionalmente más desestabilizantes en los países en desarrollo, nuestra Región de las Américas específicamente.

¿De qué manera entonces puede la información y las tecnologías tener supremacía, en ámbitos tan frágiles? ¿Cómo visualizar el potencial de la información para resolver los problemas de prácticas inapropiadas de aprovechamiento de la tierra o del agua, de altas tasas de deforestación, de una continua falta de planificación urbana? o ¿Cómo, a través de centros de información específicos, lograr tener impacto en sistemas de advertencia temprana o colaborar con conocimiento compartido, en el logro de influenciar, a través de las comunidades, inversión en las obras para prevenir y mitigar los sucesos naturales?

El carácter cada vez más cognoscitivo de todas las actividades económicas, técnicas, sociales y políticas y la rapidez de los cambios en estos campos hacen que la información sea la materia prima a procesar e integrar en conocimiento. Este tipo de información podría ser potencialmente crucial al ayudar a priorizar las intervenciones, identificar la ayuda financiera e inversión necesaria, las personas y sectores que se beneficiarían y la información puntual sobre la mitigación de planes y acciones de prevención.

Esto implica que se necesitan mecanismos complementarios y producción de herramientas con esta intencionalidad, para poder generar información desde varias perspectivas y enfocar la creación de conocimiento y su gestión eficiente en las áreas de nuestra competencia.

Tal como lo expone Inge Kaul en su libro sobre bienes públicos mundiales: “El conocimiento es el más público de todos los bienes públicos: es un bien no perecedero, no rivaliza para existir y sus beneficios pueden encontrarse a través de todos los temas de interés público mundial. El desafío está en encontrar un equilibrio entre promover el uso más extensivo del conocimiento (aumentando la eficiencia estática) y ofrecer incentivos para generar más conocimiento (fomentando la eficiencia dinámica).”

Promover la gestión eficiente del conocimiento global implica el suministro de muchos bienes públicos globales —tales como la estabilidad climática y el control de enfermedades transmisibles— comprende el establecimiento de un acceso equilibrado a los conocimientos relevantes. Como se sugiere en el libro mencionado, la efectiva y eficaz gestión del conocimiento es un insumo crucial para el suministro de los bienes públicos, ya sean nacionales, regionales o globales.

Se considera que los desastres son un enorme obstáculo en la consecución de las Metas de Desarrollo del Milenio propuestas por el sistema de ONU para reducir drásticamente la pobreza en el año 2015. Cuando los países pobres sufren desastres, las pérdidas generalmente no se cuantifican. Otro es el caso del primer mundo, en donde la información se da de inmediato: 4.6 billones por el ciclón Charley, 8 billones por el huracán Frances, y 10 billones por el Iván.

El impacto depende en gran medida de la clase de opciones que se han tomado previamente. Los países prósperos pueden reconstruirse con facilidad y rapidez. Los otros países dependen de ayuda humanitaria, por lo que una mejor salida es anticipar, manejar y reducir los riesgos, incorporando las amenazas potenciales y la vulnerabilidad dentro de los planes y políticas estatales y regionales.

El documento de PNUD “La reducción del riesgo de desastres: un desafío para el desarrollo” introduce un índice de riesgo en donde mide la vulnerabilidad relativa de los países, basándose en tres desastres de origen natural fundamentales: los terremotos, los huracanes y las inundaciones, identificando los factores de desarrollo que contribuyen al riesgo, y muestra en forma cuantitativa el nivel en que puede reducirse el riesgo si se escogen las políticas adecuadas:

• Los sistemas de manejo de desastres se basan en una información oportuna y bien estructurada que respondan a un enfoque nuevo de manejo del riesgo como parte de los planes de desarrollo.

• Los sistemas de manejo de riesgos se basan en sistemas de información que permitan a los gobiernos ver las opciones, los instrumentos de financiamiento, los costos y beneficios de las opciones, los métodos para determinar las necesidades financieras de recuperación y prevención, y el monitoreo de los daños y la reconstrucción

• Los sistemas de información van dirigidos a los diferentes actores que a nivel local y regional participan en los esfuerzos de prevención y manejo de desastres, y el uso de metodologías como la de la CEPAL que permiten cuantificar daños, las pérdidas indirectas, y los efectos macroeconómicos.

Pero es imposible tomar decisiones adecuadas si no se cuenta con el sistema de información de apoyo. Claro está que el uso de la información para la toma de decisiones y planificación necesita ir más allá de vigilar sencillamente los efectos catastróficos de los desastres naturales sobre la economía, la sociedad y el ambiente y la planificación de la reconstrucción después que la catástrofe ya ha ocurrido.

Pocas veces se relacionan los riesgos de desastre con el desarrollo y con la información y el conocimiento. Dichosamente, cada vez más las agencias internacionales están poniendo su atención en este aspecto: la NLM, la EIRD, el PNUD, y el Banco Mundial entre otras, han adoptado un enfoque hacia la reducción del riesgo, que reconoce que los desastres son problemas del desarrollo no resueltos que suceden cuando no se manejan bien los riesgos.

El desarrollo de adecuados sistemas de información, por ejemplo, están en la base de las metas que propone el PNUD:

• Promover la integración del planeamiento y la preparación para el riesgo dentro de los programas nacionales y regionales.
• Ofrecer ayuda y orientación para fortalecer las estructuras nacionales y regionales que reduzcan el riesgo de desastres, mediante el fortalecimiento de redes de conocimiento.
• Capacitar a los países para que compartan información sobre estrategias y mejores prácticas, mediante estas redes de conocimiento.
• Contribuir a la abogacía global sobre reducción de desastres mediante la preparación del reporte global, que pro mueve las políticas e instrumentos que reduzcan el riesgo
• Apoyar un programa de entrenamiento sobre la gestión de desastres.

Dentro de estos cambios de perspectiva que el tema de los desastres provoca está el enfoque del Banco Mundial cuya unidad de manejo de riesgos de desastres enfoca su acción a la prevención de riesgos naturales y tecnológicos que afectan los esfuerzos de desarrollo. Y es que más del 95 por ciento de las muertes causadas por desastres ocurren en países pobres, y las pérdidas ocasionadas por catástrofes son 20 veces mayores (como porcentaje de sus PIB) en los países en desarrollo que en los industrializados.

Incluso los esfuerzos de desarrollo mal planeados pueden provocar que fenómenos naturales recurrentes se conviertan en desastres económicos y humanos, como el caso de permisos de construcción de viviendas en zonas de alto riesgo de terremotos o inundaciones.

Los organismos que luchan por evitar los riesgos y mejorar los niveles de pobreza, recurren en primer término a la construcción de sistemas de información que ofrezcan una respuesta rápida y estratégica frente a los riesgos y que apoye los esfuerzos de promover la integración de la prevención y los esfuerzos de recuperación dentro del rango de las actividades del desarrollo.

De acuerdo con el Reporte Mundial sobre Desastres (2002), en la última década los desastres de origen natural han afectado a más de un billón de personas y ha dejado mermas de aproximadamente por $730 billones. Pero las pérdidas aumentan más en los países pobres, en donde los desastres de origen natural tienen un impacto desproporcionado. En las nuevas políticas del Banco Mundial se enfatiza cada vez más el manejo de sistemas informativos que apoyen la investigación, el desarrollo de políticas e instrumentos de préstamo, el intercambio de conocimiento, la formación de comunidades de práctica y aprestamiento dentro de los gobiernos, la sociedad civil y las comunidades locales.

Hay una demanda creciente de ayuda para mitigar los efectos y crear capacidades dentro de un marco comprensivo y estructurado de manejo del riesgo que pueda usarse a nivel nacional y regional.

La información como insumo único para el conocimiento es la que permite esa ampliación de la consciencia y sensibilidad frente al riesgo, y mejorar las capacidades analíticas y el conocimiento profesional en todas las áreas del manejo del riesgo.

Por eso mismo los desafíos de esta nueva era de la información y del conocimiento para los sistemas que gerencian información son múltiples y variados y vienen enmarcados en está corriente dinámica, de cambio y movimiento. Ya se experimentan cambios dramáticos en la gestión, almacenamiento y diseminación de la información. Los escenarios para aprender y transmitir el conocimiento son distintos, se enfatiza más en compartir que en diseminar. De los escenarios limitados por fronteras se cambia a escenarios virtuales, a webs semánticas en donde un número considerable de habitantes del planeta nos comunicamos y compartimos lo que hacemos, lo que escribimos, lo que pensamos.

Cuando a escala local exixten datos e información puntual, es más fácil prevenir desastres a un nivel nacional o regional. Así es que las bases de datos y las evaluaciones del riesgo, poseen un valor adicional, y su ausencia hace imposible conocer la geografía cambiante del riesgo y los factores que forman o producen la vulnerabilidad y el daño. Los instrumentos de medición que se han desarrollado permiten combinar información extraída de diversos contextos para armar este rompecabezas de un desarrollo humano sostenible que incorpore el riesgo y la vulnerabilidad a nivel local y nacional. La posibilidad de contar con la ayuda del conocimiento acumulado a partir del nivel local, hasta el regional, sobre la evaluación del riesgo y la vulnerabilidad forman la base de la construcción de políticas de desarrollo que incorporen los desastres.
Hay muchos datos a escala local pero no existen estructuras centrales que procesen esos datos y los conviertan en conocimiento útil para la toma de decisiones. Este es trabajo que el CRID ha venido realizando, y el que realizan muchas redes ya en funcionamiento, pero el viaje apenas se inicia.


El reporte del PNUD recomienda:

1. Apoyar el indizado global del riesgo y vulnerabilidad para realizar comparaciones entre países y regiones.
2. Apoyar el indizado regional para producir información útil a los tomadores de decisiones
3. Desarrollar un sistema de reporte sobre desastres con capas múltiples: local, nacional, regional
4. Apoyar evaluaciones del riesgo contextualizadas (dentro de un esquema de desarrollo sostenible)

Todas estas guías pueden servir de base para un trabajo de análisis sobre como construir el Toolkit.

Para utilizar el conocimiento explícito y decidir sobre formas de trabajar esta herramienta, podrían revisarse esquemas como el propuesto por ATHENA Alliance , que parte de la idea de contrastar escenarios donde se ha movido y está enfocándose la gestión de la información. O revisar los esquemas aportados por Kaul en su libro sobre bienes públicos en donde se enfatiza la intervención de actores en el proceso de construcción de un bien público o la perspectiva de redes de colaboración para producir la información sobre temas que necesiten ser desarrollados:

De cualquier manera, es importante tener presente que esta herramienta que se va a producir, este Toolkit tendrá que trabajarse sobre una serie de refinamientos y conceptos, sobre todo un grupo de experiencias y de nuevo conocimiento. Una de estas guías podría ser categorizar la metodología de acuerdo al esquema que se presenta.

Existe una pregunta: ¿Hacia qué sociedad del conocimiento vamos? Seguramente una de las nociones más ambiciosas y utópicas con que nos hemos cruzado en estos últimos años es la de la Sociedad del Conocimiento.

El discurso que existe tras este concepto, más desiderativo que analítico o real, presupone que la nueva sociedad intensamente tecnificada resultará en un nuevo modo de producción y vida social evolucionada. De acuerdo con este discurso, dejadas atrás la sociedad industrial de las humaredas fabriles y la sociedad post-industrial del consumismo y los mass media, amaneceremos en una nueva era basada en el intercambio sinérgico de conocimiento.

Dejando de lado el planteamiento más o menos utópico de la idea, lo cierto es que se trata de un concepto abierto, maleable y en discusión sobre el que queremos hacer resaltar la reflexión central de esta presentación.

T.S. Elliot dice que el triunfo de la información ha puesto en crisis el conocimiento y el progreso del conocimiento ha puesto en crisis el pensamiento.

Este podría ser uno de los contextos en que puedan inscribirse nuestras sesiones de trabajo y el enfoque que se le puede imprimir al toolkit.



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