Estrategia Internacional para la Reducción de Desastres
Las Américas   

Revista EIRD Informa - América Latina y el Caribe
Número:13 -2006 -12/2006 - 11-/2005 - 10/2005 - 9/2004 - 8/2003 - 7/2003 - 6/2002 - 5/2002 - 4/2001- 3/2001 - 2/2000 - 1/2000

 

Revista para América Latina y el Caribe         Número. 15, 1999

Contenido

CONTENT
Reunión Hemisférica del DIRDN "Para una reducción de los desastres naturales en las Américas...hacia el Siglo XXI"
Sobre avances y desafíos en la región
Resumen de los informes nacionales presentados por representantes de los países: Experiencias, avances y desafíos
Algunos retos comunes presentados en las tres sub regiones
Sobre la política y los desastres en América Latina y el Caribe
Conclusiones sobre ciudades vulnerables, políticas urbanas, participación comunitaria
Conclusiones sobre el papel de la reconstrucción en la reducción sostenible de los desastres
Retos sobre la mitigación de desastres en establecimientos de la salud. Evaluación de la vulnerabilidad y mitigación
Conclusiones generales sobre el camino recorrido en la mitigación de desastres en sistemas de agua y saneamiento
Conclusiones sobre sistemas de alerta temprana efectiva
Propuestas para la organización y acción en el campo de la gestión del riesgo en la educación básica, secundaria y superior
Información y desastres en América Latina y el Caribe
Tendencias y aspectos relevantes
Políticas, mecanismos e instrumentos para la prevención: aspectos económicos

 

Reunión Hemisférica del DIRDN "Para una reducción de los desastres naturales en las Américas...hacia el Siglo XXI"

Algunos logros durante el Decenio 1990-1999, especialmente en esta región, se resumen en lo siguiente: se gestionó una gran cantidad de coordinaciones, intercambios, programas educativos y cooperación científica-técnica, apoyada por un número grande de organizaciones colaboradoras, regionales, internacionales, nacionales y no gubernamentales. El DIRDN también sirvió de plataforma para fomentar acercamiento entre Gobiernos, ONG’s, organizaciones comunitarias, organizaciones internacionales y al sector privado para trabajar en temas de reducción del riesgo.

El proceso de conclusión del Decenio implicó una serie de reuniones temáticas y regionales durante el año 1999, para evaluar logros, avances y desafíos pendientes que culminaron con el Foro Programático DIRDN, en Ginebra, en julio/99. ECOSOC, en su sesión sustantiva en julio del mismo año, ratificó la Estrategia Internacional para la Reducción de los Desastres y acordó seguir con esta Estrategia como actividad permanente de las Naciones Unidas (ver nota aparte). Para la región de las Américas se realizó una reunión de revisión, intercambio y planificación para el próximo Siglo XXI, en el tema de la reducción del riesgo y desastres, en junio/99 en San José, Costa Rica, en la que participaron 630 personas entre delegados oficiales, técnicos, académicos, líderes comunitarios, ONGs y agencias multilaterales procedentes de 33 países.

Los organizadores fueron el Gobierno de la República de Costa Rica, la Comisión Nacional de Emergencia, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, Decenio Internacional para la Reducción de los Desastres Naturales-Naciones Unidas y la Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud.

El Centro de Recursos para el Desarrollo Sostenible de los Asentamientos Humanos en Centroamérica (CERCA-CDP-UNCHS-Hábitat), la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Organización Meteorológica Mundial (OMM), la Federación Internacional de Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y la Media Luna Roja, la Organización de Estados Americanos (OEA), el Centro de Coordinación de Prevención de Desastres Naturales de América Central (CEPREDENAC), Agencia de Respuesta a Desastres del Caribe (CDERA), la Oficina Comercial del Quebec para América Central, Oficina de Asistencia para Catástrofes en el Extranjero (OFDA), Canadá (CIDA) y Suecia (ASDI) fueron los auspiciadores de la reunión mediante sesiones paralelas, talleres y/o financiamiento.

Después de varios días de trabajo y concertación entre los participantes representantes de los países del hemisferio americano, agencias y participantes en general, se logró plasmar una Declaración final, en la cual se agregó una nueva dimensión en la siguiente cláusula, que apunta hacia un deseo de desmilitarización de la atención y manejo de los desastres:

Los participantes recomiendan:
Llevar ante Naciones Unidas el otorgamiento de un voto de apoyo o reconocimiento a aquellos países que reorienten parte de su presupuesto de defensa hacia la mitigación de desastres.
(Para conocer el texto completo de la Declaración de San José, visitar el sitio Web:
www.disaster.info.desastres.net/idndr/dirdn.htm)
en la Memoria de la Reunión o solicitarlo a la editora de esta revista

Lista de los países que participaron en la Reunión Hemisférica:
Antillas Holandesas
Argentina
Bahamas
Barbados
Bolivia
Brasil
Canadá
Chile
Colombia
Costa Rica
Ecuador
El Salvador
España
Estados Unidos
Francia
Granada
Guatemala
Honduras
Islas Vírgenes Británicas
Islas Vírgenes Estadounidenses
Jamaica
México
Monserrat
Nicaragua
Panamá
Paraguay
Perú
República Dominicana
Saint Kitts y Nevis
Suiza
Trinidad y Tobago
Uruguay
Venezuela

A continuación se resumen algunas de las conclusiones y recomendaciones para el futuro en la región de América Latina y el Caribe que resultaron de esta reunión.

Sobre avances y desafíos en la región (OPS/OMS, OEA, SICA, Asociación Iberoamericana de Protección Civil)

  • Aunque los desastres se evalúan en términos humanos y sociales, las dimensiones económicas y políticas dominan al momento de la decisión. Los principios de mitigación/reducción de la vulnerabilidad son universales, pero su aplicación concreta depende del idioma, la cultura y la situación económica. No existen soluciones estándares para países «más desarrollados» o «menos desarrollados».
  • Al mismo tiempo, una «cultura de prevención» implica una actitud colectiva que sólo puede construirse mediante un largo proceso social. Dentro de este proceso, la democratización de la información sobre desastres y la creciente participación de la sociedad civil son factores clave, por lo que la utilización de Internet ha sido un factor específico de avance en la gestión de los últimos desastres, especialmente al favorecer cambios en la relaciones de comunicación y poder entre agencias, países, comunidades locales e individuos.
  • Aún falta avanzar en el logro de compromisos nacionales más firmes, con el indispensable respaldo político y legal y sustentado por recursos específicamente asignados a la prevención.
  • Se debe tener presente que el compromiso político por lo general disminuye desde las urgencias y afanes movilizados por el último desastre y que la prevención y la mitigación exigen habilidades y actitudes distintas de las requeridas para una respuesta de emergencia. La respuesta requiere conocimiento logístico, capacidad operacional, sentido de urgencia, determinación y disciplina. La reducción de la vulnerabilidad exige una visión a largo plazo con recursos a corto plazo, paciencia, compromisos, experiencia en planificación urbana, economía, ingeniería y decisión política. Requerimientos inaccesibles para una sola institución.
  • El futuro demanda una sinergia entre la protección del ambiente y la reducción de los desastres, reforzar los mecanismos de respuesta con participación de la sociedad civil y mantener sobre el proceso una visión humana, social y no exclusivamente económica. En el plano internacional, fuertes organizaciones sub regionales, mecanismos de cooperación técnica y el respaldo global de las Naciones Unidas.
  • Durante los últimos años se ha producido en la región un intenso movimiento teórico-conceptual y práctico en torno a la problemática de los desastres. Entre los factores que han dinamizado esta gestión pueden considerarse, entre otros, los avances logrados en la producción de conocimiento, incluyendo nexos interdisciplinarios que suelen ser difíciles en otros ámbitos, el surgimiento de formas innovadoras de participación social y una mayor sensibilización ciudadana, fomentada por varios desastres de gran magnitud.
  • No obstante, todo este rico caudal de experiencias y esfuerzos creados pueden llegar a fragmentarse en múltiples iniciativas dispersas, alejándose así de su mayor fortaleza potencial: la articulación de diferentes saberes y capacidades. Por tal motivo, es fundamental impulsar su canalización sistemática, por conducto de los diversos niveles de decisión en que se puede concretar el manejo socialmente responsable de la prevención de desastres.
  • Para tales efectos, se necesita impulsar un proceso socialmente coordinado de investigación y planeamiento, como base para generar las condiciones de viabilidad y factibilidad que se requieren para avanzar en este sector. Este proceso tendrá que pasar por distintos niveles de integración, donde las unidades operativas a corto plazo (proyectos) se vinculen según su afinidad en programas y estos a su vez encuentren su direccionalidad estratégica en planes nacionales.
  • Por otra parte, disponemos de elementos de juicio suficientes como para priorizar algunos grandes problemas en la elaboración y evaluación de estos instrumentos de planificación y en la convocatoria de los diversos actores sociales que pueden intervenir en su puesta en práctica.

 


Resumen de los informes nacionales presentados por representantes de los países: Experiencias, avances y desafíos

Los participantes concordaron que el Decenio proporcionó un marco para impulsar el manejo de los desastres desde una perspectiva preventiva, que involucra a todos los sectores que conforman el sistema de actores sociales, en el ámbito nacional, local y comunitario.

Se presentó una información pormenorizada sobre las acciones que los países realizaron en el marco del DIRDN. Se estableció que, si bien cada uno de estos países presenta distintas características geográficas y climatológicas, las amenazas más comunes en esta área son: inundaciones, deslizamientos, sequías y amenazas tecnológicas producidas por el creciente desarrollo industrial. El Fenómeno de El Niño es un evento recurrente que afecta considerablemente la zona, aunque también produce efectos positivos que deben ser aprovechados.

Algunos países de la región reforzaron sus planes y programas de emergencias, al punto de prestar ayuda y apoyo a otros países vecinos, lo cual reflejó positivamente la capacidad, oportunidades y fortalezas con que cuenta la zona para abarcar el tema de desastres.

Se resaltaron ciertos progresos en el campo de la educación superior, donde ha habido una apertura de carreras relacionadas a protección civil y manejo de desastres en general. Asimismo, se destacaron los avances logrados en la elaboración de mapas de riesgo, materiales bibliográficos y de consulta.

Se mejoró la organización y planificación de los organismos y entidades encargadas del manejo de los desastres, complementando la labor realizada en los últimos 20 años. En la mayor parte de los países se observan esfuerzos permanentes y sistemáticos en procura de nuevas estructuras jurídico-administrativas y políticas que permitirán encarar con mayor eficacia, prontitud y coordinación las tareas dirigidas a la reducción de los desastres.

Se está poniendo mayor énfasis en las tareas de prevención y mitigación, existe una mayor inversión en el refuerzo de la infraestructura y se han logrado mejoramientos importantes en la capacidad de respuesta y en los sistemas de alerta temprana.

La organización local municipal y comunitaria para la prevención y mitigación se ha fortalecido, especialmente en el campo de la capacitación, la educación y la información.

Los sistemas de crédito por parte de las agencias internacionales se fortalecieron. No obstante, se siguen enfrentando dos problemas o debilidades importantes: la falta de recursos para el seguimiento de las medidas preventivas y de respuesta y la desactualización de la lesgilación en lo concerniente a dotar de autonomía a los organismos encargados del manejo de desastres.

 


Algunos retos comunes presentados en las tres sub regiones:

  • Continuar fortaleciendo la capacidad para hacer frente a los desastres, especialmente en lo que concierne a la prevención y mitigación, incluyendo la evaluación del riesgo y el diseño de mejores estrategias. Integrar la prevención y mitigación de desastres a la protección del medio ambiente y el desarrollo sostenible. Utilizar la variable “Riesgo” en la proyección del desarrollo.
  • Dar continuidad a los planes y proyectos impulsados durante la gestión del Decenio, para lo cual se requiere de apoyo internacional.
  • Incrementar los recursos humanos y financieros necesarios, con la participación de profesionales, científicos y técnicos de cada rama. Entre los alcances de este objetivo está el mejoramiento de los sistemas de pronóstico y alerta temprana.
  • Continuar gestionando apoyo para proyectos dirigidos a la prevención y mitigación de desastres en asociación con organismos internacionales y ONGs.
  • Completar y desarrollar una legislación adecuada. Incorporar las actividades de reducción del riesgo dentro del marco legal de los países.
  • Fortalecer lazos de cooperación y coordinación más eficaces entre los países. En este aspecto, los del Caribe consideran urgente fortalecer sus lazos sub regionales. Se propone fundar un Centro Internacional para el Estudio del Fenómeno de El Niño (propuesta de Ecuador) y realizar una reunión entre todos los países miembros del Pacto Andino y esbozar un proyecto para la integración andina de la protección y la defensa civil, y consolidarlo en posteriores reuniones. Se debe establecer comités científicos-técnicos regionales y fomentar mecanismos de coordinación interinstitucional entre los organismos internacionales de ayuda.
  • Introducir programas adecuados sobre prevención y mitigación de desastres en la currícula escolar de todos los niveles y en cada país. Crear programas de capacitación escolar sobre la Cultura de Desastres en los países donde no existen.
  • Fomentar una conciencia preventiva pública a través de los medios de comunicación social, incluyendo la capacitación de periodistas para tales efectos.
  • Atraer otros sectores, por ejemplo compañías de seguros, en las actividades de prevención y mitigación, para lograr un importante apoyo técnico y financiero en la evaluación y reducción de costos de los desastres.
  • Fortalecer la planificación urbana y rural de los asentamientos humanos dado el incremento demográfico en la región.
  • Establecer mecanismos para capacitar y darle continuidad al personal dedicado a la prevención, mitigación, preparación y atención de las emergencias y los desastres
  • Fortalecer la participación multisectorial de las instituciones nacionales responsables de la atención de emergencias y desastres.
  • Fortalecer el monitoreo de los fenómenos naturales en el plano local y regional.

 


Sobre la política y los desastres en América Latina y el Caribe (OFDA, Quebec, CERCA-UNCHS(Hábitat) , Red Comunitaria de América Central)

Hacia finales de los años 60 y principios de los 70, aparece en América Latina los organismos de Defensa Civil, en un marco signado por el surgimiento de gobiernos militares o el fortalecimiento de los estamentos armados en el ámbito político. Bajo el enfoque de protección civil, algunas de estas instituciones comenzaron a funcionar con labores tales como la lucha contra la delincuencia, para posteriormente asumir responsabilidades en la respuesta ante situaciones de desastre. Otras se formaron directamente como dependencias especializadas dentro de las estructuras castrenses.

Las organizaciones nacionales de emergencia partieron de la necesidad de contar con esquemas civiles aptos para lograr una integración multisectorial. En algunos casos, se formaron bajo una línea de gremios interesados y en otros reprodujeron modalidades vigentes en otros países, buscando una rápida oficialización. En el segundo caso, resultaron estructuras híbridas, en que se mezclaron ciertas características innovadoras con otras propias de las organizaciones de defensa civil.

En la actualidad, ambos tipos de organización coexisten en la región, formando un espectro que va desde la estructuras militares o paramilitares hasta los sistemas interinstitucionales. Pese a estas diferencias, predomina un enfoque de preparación para la respuesta, matizado generalmente por un discurso que resalta la importancia de la prevención y la mitigación.

Estamos ante un proceso de ajuste organizacional que no ha concluido. Se mantiene el desafío de mejorar las estructuras de preparación y respuesta, pero dentro de una estrategia más amplia y comprensiva que integre el quehacer auto responsable de las comunidades organizadas.

La gestión para la reducción del riesgo, entendida como una estrategia dirigida a intervenir sobre las condiciones que determinan los riesgos de desastre, abre nuevas posibilidades. Para su avance se requiere un trabajo interdisciplinario, intersectorial, que no descanse solamente en los hombros de las instituciones y sea asumido como un valor social.

Es importante involucrar la voluntad política en la gestión de desastres, en el marco del cambio de paradigma que se ha venido experimentando, que integra la parte social y la económica de los desastres. Este paradigma re conceptualiza el desastre y lo convierte en un punto principal en la agenda política de los países para ser abordado, concertado y posteriormente traducido en políticas públicas que le dé solución a los problemas. También, incluye nuevos conflictos implícitos en su manera de visualizar el desastre como un proceso. Dichos enfrentamientos ideológicos, de poder, de aumento de los costos y de conflicto en la utilización de los recursos, deben ser y están siendo superados en la medida en que los actores involucrados aprendan a trabajar en equipo.

Los representantes comunales manifestaron su preocupación de que los gobiernos latinoamericanos sistemáticamente han dejado de lado a las comunidades en todo lo referente al tema de desastres. Aunque “los desastres mayores para las comunidades” son las múltiples políticas sociales y económicas que empobrecen a las localidades aumentando de esta manera su vulnerabilidad.

 


Conclusiones sobre ciudades vulnerables, políticas urbanas, participación comunitaria
(UNCHS-CERCA, Quebec,)

La rápida urbanización en marcha alrededor del mundo es también un proceso de urbanización de la pobreza, lo cual es un factor clave en el incremento de las condiciones de vulnerabilidad de sus habitantes. Por otra parte, las ciudades tienen una gran heterogeneidad de habitantes y grupos sociales, zonas con características particulares y a su vez existe mucha diferencia entre las distintas ciudades. Por lo tanto, no puede plantearse una propuesta genérica de prevención y mitigación de desastres para todas ellas.

La VII Reunión del MINURVI (Reunión Regional de Ministros y Autoridades Máximas del Sector de la Vivienda y de Urbanismo en América Latina y el Caribe) estableció tres ejes temáticos para el desarrollo de las estrategias nacionales del Sector Vivienda: la participación comunitaria, la reducción de la vulnerabilidad frente a los desastres naturales y el ordenamiento territorial.

Muchos son los problemas por superar para el fortalecimiento real de la participación comunal en la gestión del riesgo, ya que esta abre un espectro de posibilidades que va desde la participación plena o real a extremos de manipulación que se expresan de muy diversas formas. Entre esos problemas, cabe resaltar los estilos verticales de comunicación, el reconocimiento excluyente de representantes que no necesariamente respetan o asumen la voluntad comunitaria, la falta de articulación y complementariedad entre las múltiples organizaciones que trabajan en esta área y, por supuesto, los procedimientos de captación o clientes motivados por intereses político-partidistas.


Conclusiones y retos:

  • La planificación urbana por cuencas hidrográficas ofrece ventajas con respecto a la que se hace por divisiones administrativas. El ordenamiento territorial es un factor clave en la prevención y mitigación de desastres. También, fortalece el rol de las municipalidades y las comunidades en la prevención y mitigación de desastres.
  • Es necesario capacitar a las municipalidades y comunidades, codificar el lenguaje técnico y hacerlo accesible a la población.
  • Se requiere presupuestar fondos para atender emergencias en el gobierno local. Se debe entregar la autoridad, competencia y los recursos localmente, porque se ha demostrado su importancia y eficiencia en la prevención y mitigación de desastres.
  • La cuestión de fondo es: ¿cómo puede construirse una participación comunitaria real en la gestión del riesgo? Esta participación se tiene que dar en el plano de la toma de decisiones sobre las políticas de desarrollo y no solo en lo relativo a la atención de los desastres.
  • Se debe buscar las condiciones que permitan que las comunidades asuman su rol activo de sujetos políticos. El riesgo se “construye” localmente, por lo tanto, se debe gestionar localmente.
  • Avanzar, mediante la investigación participativa y la educación comunitaria, en la integración crítica de conocimiento y lenguajes históricamente segregados por las diferenciaciones sociales.

 


Conclusiones sobre el papel de la reconstrucción en la reducción sostenible de los desastres (PNUD, La RED)

Las múltiples dimensiones del proceso de reconstrucción configuran una compleja situación donde con frecuencia, al organizar algunos aspectos, se desorganizan o producen consecuencias negativas en otros. La reconstrucción del tejido social, la cultura y la identidad, los aspectos psicosociales que han sufrido fuertes impactos en amplias poblaciones (como refugiados, migrantes, etc.) conforman el aspecto más complejo y poco desarrollado. Sobre ello existe menos información y se toma poco en cuenta al reconstruir ciudades o reubicar a cientos o miles de familias en zonas seguras, pero es donde habrá que reiniciar la identidad cultural, familiar, social y psíquica.

Los procesos de reconstrucción son una ventana de oportunidades para países y poblaciones que de otra manera nunca hubieran tenido inversiones e intervenciones gubernamentales que mejoraran sus normales condiciones de miseria extrema, abandono y segregación social y económica. Estas oportunidades se reducen o distorsionan si tales procesos son sometidos a condicionantes externos a sus propias determinaciones sociales y culturales, o intervenidos por instituciones u organizaciones que tiendan a perpetuar y aumentar las condiciones de dependencia, aislamiento, manipulación o represión, desvalorizando la autonomía, la superación propia, el fortalecimiento de sus propias capacidades y las formas culturales autogestionarias.

Retos:

  • Para que las propias poblaciones mejoren los equilibrios relativos con el ambiente y superen sus prácticas depredadoras, se requiere fortalecer las capacidades locales, los procesos de construcción de poder local hacia la autogestión y cogestión.
  • No se debe «reconstruir el riesgo». Habrá que crear las disposiciones para una transformación en la reconstrucción, reduciendo o eliminando las condiciones de riesgo prevalecientes y desarrollando nuevas formas de libertad, autonomía y capacidades locales para buscar mejores equilibrios entre la sociedad y la naturaleza.
  • Habrá que plantearse una serie de preguntas relativas a los derechos de las comunidades a desarrollar sus propios procesos de reconstrucción y transformación, al respeto de su cultura, organización y necesidades básicas cada vez que se desarrolla un proceso de reconstrucción. Esto es fundamental si se quiere que las decisiones relativas a suministros, producción o la construcción habitacional no afecten negativamente la organización social e incrementen la dependencia.
  • Los grandes ejes estratégicos y productivos o de comunicación deberán desarrollarse en mejores condiciones de respeto al ambiente. Su desarrollo deberá tener implícito la inversión en aspectos que permitan mejorar su seguridad relativa. Se requiere un abordaje multisectorial, interinstitucional y de amplia participación de las organizaciones privadas y las comunidades, porque la reconstrucción es un proceso complejo y múltiple. Los esfuerzos de los organismos financieros internacionales deben apoyar esta perspectiva y darle prioridad frente a las alternativas parciales.
  • Habrá que trabajar sobre las condiciones permanentes de pobreza, desempleo, desarraigo, miseria extrema o segregación espacial y social. Ello implica desarrollar todas las actividades privadas y públicas desde una perspectiva de gestión del riesgo para la reducción de desastres.

 


Retos sobre la mitigación de desastres en establecimientos de la salud. Evaluación de la vulnerabilidad y mitigación (OPS/OMS)

  • Muchos países necesitan realizar proyectos demostrativos para desarrollar la capacidad técnica que motive y accione las actividades necesarias para la mitigación hospitalaria. Se requiere seguir impulsando la integración de los conceptos de evaluación y mitigación del riesgo físico y funcional en los proyectos de salud y el intercambio de profesionales y experiencias entre los países de la región.
  • Se requiere, como base para los proyectos de mitigación, poder accesar información real sobre la amenazas y sus características. Dentro de esto es imprescindible contar con redes de monitoreo sísmico y meteorológico para realizar los procesos de evaluación y mitigación. Los códigos actuales permiten establecer las condiciones mínimas para el desarrollo de la protección física, pero no el desarrollo de una protección real a la inversión o la función.
  • El fomento de una participación más activa de las instituciones y profesionales de los países en la creación de un sistema internacional de apoyo a la mitigación de desastres es una meta importante. El Centro de Mitigación de Desastres de la OMS/OPS en Colorado se presenta como una institución capaz de realizar esta agrupación.
  • Los proyectos de mitigación deben estar acompañados por procesos de certificación que validen el desarrollo y generen la confianza de los usuarios. Estos procesos deben contar con una estrategia local o institucional validada nacional e internacionalmente.
  • Se requiere continuar con el desarrollo de criterios técnicos de protección a la función. Los proyectos deben desarrollarse con una capacidad humana y técnica experta en procesos de mitigación estructural, no estructural y organizativa. Todo el proceso de desarrollo del proyecto, desde su concepción hasta su construcción, debe tener un estricto procedimiento que asegure la calidad.
  • Los países deben seguir fortaleciendo las acciones tendientes a la implementación de las recomendaciones de la Conferencia Internacional de Mitigación de Desastres en Instalaciones de la Salud realizada en México/96.

 

Conclusiones generales sobre el camino recorrido en la mitigación de desastres en sistemas de agua y saneamiento (OPS/OMS, AIDIS)

  • Los últimos desastres, particularmente el ocurrido en Honduras a raíz del huracán Mitch, pone de manifiesto que, a pesar de los avances conseguidos en la metodología de análisis de la vulnerabilidad de los sistemas, estos aún no están incorporados, como premisa, a las acciones de planeamiento, operación, mantenimiento, renovación y rehabilitación de los servicios.
  • Se siguen recreando las condiciones de riesgo, aún cuando se trate de la reconstrucción de servicios dañados o devastados. En general, se reparan los ramales manteniendo los materiales, las condiciones de instalación y su localización. Salvo situaciones aisladas, no se logran acciones de reducción de la vulnerabilidad efectivas, como son la adecuación de las técnicas a las condicionantes, la selección adecuada de materiales o la previsión de fuentes alternativas.
  • Se ha avanzado sustancialmente en la realización de los análisis de vulnerabilidad de los sistemas, particularmente a raíz de la divulgación de la metodología generadas por la OPS/OMS. Pero, aún se enfrentan dificultades para implementar las medidas de mitigación como parte del accionar ordinario de operación, mantenimiento preventivo y renovación de los servicios.
  • Sigue siendo muy importante la vulnerabilidad institucional. En general, las empresas prestadoras de los servicios aún no han implementado sistemas de información. Siguen trabajando con CAD, que son graficadores muy potentes pero que no posibilitan la gestión de información y por lo tanto no son aptos para trabajar en la gestión del riesgo en los sistemas. Se hace necesario mejorar la capacitación sobre la reducción de la vulnerabilidad de los sistemas.
  • Sigue existiendo una desvinculación importante entre el sector de saneamiento y los organismos responsables de la organización del territorio.

 


Conclusiones sobre sistemas de alerta temprana efectiva (CEPREDENAC, DIRDN, CDERA, Quebec)

Tres aspectos son de importancia en el campo de la alerta temprana: 1. el componente científico- técnico, que permite detectar el fenómeno a tiempo y pronosticar su comportamiento futuro; 2. la difusión apropiada y a tiempo de la alerta y 3. la comprensión y aceptación de los mensajes por parte de sus receptores.

Conclusiones y retos:

  • Se concluye en que la alerta temprana es un proceso, no una actividad aislada, que incluye a las comunidades organizadas y a diversos especialistas trabajando en coordinación.
  • Para que los sistemas de alerta temprana sean eficaces y oportunos, las comunidades deben tener una amplia participación en todas sus etapas. Se deben fortalecer especialmente las instituciones del orden local y regional involucradas en el manejo y atención de los desastres.
  • Las telecomunicaciones son la columna vertebral de cualquier SAT y por lo tanto deben realizarse los esfuerzos necesarios para fortalecerlos y actualizarlos permanentemente.
  • Los avances científicos y tecnológicos han permitido en la región un mayor conocimiento acerca de las amenazas, vulnerabilidad y escenarios de riesgo. En el campo de la meteorología, se destaca el mayor acuerdo logrado en los pronósticos gracias al uso de modelos numéricos, Internet y sensores remotos más desarrollados.
  • La oportuna identificación de los fenómenos potencialmente agresores y las investigaciones acerca de su comportamiento han permitido elaborar mejores mapas de riesgo, consolidar los planes de emergencia y los sistemas de comunicación.
  • Al presuponer conocimientos y medios aún insuficientemente compartidos o no disponibles para todas las comunidades, debe ser asumida como una responsabilidad mundial.
  • Se requieren renovados esfuerzos e iniciativas para superar las limitaciones educativas y financieras existentes para el desarrollo de sistemas de alerta temprana.
  • Es necesario fortalecer la investigación científica en este campo. Se debe seguir avanzando en la construcción de un enfoque interdisciplinario que incorpore a las ciencias sociales.
  • Es necesario avanzar más en la difusión de información para alerta temprana, oportuna, eficaz y apropiada a los usuarios. Puede contribuir en este sentido el uso de boletines diarios y de páginas Web, el suministro diario de información a la prensa, la producción de material de divulgación y las actividades de capacitación.

 

Propuestas para la organización y acción en el campo de la gestión del riesgo en la educación básica, secundaria y superior (DIRDN, UCR, OEA)

El sector de la educación básica, secundaria y superior ha experimentado cambios importantes hacia la problemática de la prevención y la mitigación durante los años 90. Se reconocen fortalezas como el gran número de cursos y temas relacionados al tema de los desastres y reducción del riesgo que se han incorporado en programas de estudio de diferentes países de la región. Se vieron algunas experiencias demostrativas para eliminar los factores de vulnerabilidad en las instalaciones educativas, dadas las características y volumen de la población que se concentra en los establecimientos escolares y porque éstos con frecuencia son la única opción para albergar temporalmente a individuos y grupos damnificados.

La discusión se dividió en tres aspectos fundamentales: formación académica, participación ciudadana y estructura física educativa; según el Plan Hemisférico para la Reducción de Desastres en el Sector Educativo.

Retos

  • En relación con los aspectos académicos, se propuso plantear estrategias relacionadas con la adecuación de los contenidos programáticos y procesos de formación, de manera coherente con las vulnerabilidades propias de cada país. Se consideró la evaluación curricular de los centros educativos, tanto en la educación básica, secundaria y superior, el incentivo de la investigación y la organización y difusión del material disponible.
  • Fomentar una cultura de prevención, disminución del riesgo y de los desastres, mediante la adecuación y ejecución efectiva, a través del enfoque de transversalidad, en todo el proceso de enseñanza-aprendizaje, de los contenidos programáticos relativos al tema de tal manera que permita mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.
  • Promover una formación continua de docentes y estudiantes del sistema educativo costarricense, en la reducción del riesgo y los desastres, por medio de una currícula actualizada y orientada sobre estos temas, que permitan el desarrollo de una cultura de prevención.
  • Fomentar la formulación y desarrollo de planes escolares de emergencia en todos los países, que incorporen las medidas necesarias para la adecuada construcción de locales de enseñanza. Esto incluye evaluar las vulnerabilidades existentes en ellos, la asesoría de profesionales en ingeniería y arquitectura y la capacitación de las comunidades educativas para vigilar, con la ayuda necesaria, las condiciones de los establecimientos y de los terrenos en que se asientan.
  • Intensificar esfuerzos para que las comunidades educativas determinen las condiciones de las estructuras y terrenos en que están construidos dichos locales, preferentemente con la ayuda de entidades gubernamentales y no gubernamentales especializadas.


Información y desastres en América Latina y el Caribe
Tendencias y aspectos relevantes (CRID, DIRDN, OPS/OMS)

Se reconoce que, como saldo favorable del Decenio, se logró una amplia cobertura de las redes de información electrónica, lo que ha permitido intercomunicar a la comunidad científico – técnica entre sí, a ésta con las instancias de decisión política y con las ONGs relacionadas con el tema de la prevención de los desastres naturales.

En buena medida se ha disminuido la brecha entre la generación de conocimiento sobre los desastres y la toma de decisiones políticas y técnicas en la materia. Sin embargo, el gran desafío es cerrar la abertura entre la difusión y la apropiación social del conocimiento.

Los modelos de difusión convencionales que parten de un emisor institucional, han mostrado ser eficientes, pero la experiencia demuestra que no pueden ni deben ser los únicos en aplicarse con el fin de lograr modificaciones sustanciales en la actitud ciudadana frente a los desastres. Un conjunto de experiencias locales de comunicación pone de manifiesto que la apropiación de nuevos conocimientos es fruto de procesos participativos, en los cuales tienen lugar el diálogo entre el saber técnico y el popular.

Retos

  • Poner en práctica modelos participativos de comunicación social en la gestión local del riesgo, considerando para ello las experiencias desarolladas en este sentido.
  • Establecer mecanismos sistemáticos y permanentes de capacitación sobre gestión local del riesgo, dirigidos al personal de las radioemisoras comunitarias. Esta capacitación deberá estar vinculada a la elaboración participativa de planes locales de gestión del riesgo.
  • Incrementar los esfuerzos para capacitar a los periodistas de los grandes medios de información, a efecto de que cuenten con una comprensión adecuada de los fenómenos naturales y del manejo informativo de las situaciones de emergencia.
  • Fortalecer los programas de información pública de los organismos vinculados a la prevención de desastres, en relación directa con las acciones de educación formal y no formal.
  • Integrar las nuevas tecnologías de una manera humana, racional, sin exageraciones y desequilibrios, pero tratando de aprovecharlas al máximo.
  • Tratar de que más gente tenga acceso al conocimiento mediante Internet y los medios electrónicos al servicio de la comunicación.
  • Aumentar, con el uso de todas estas herramientas, la velocidad y la seguridad en el camino hacia la reducción de los desastres.


Políticas, mecanismos e instrumentos para la prevención: aspectos económicos
(OIT, CEPAL, OEA)

Tendencias y aspectos relevantes

Se examina la experiencia mexicana, centrada en la creación y desenvolvimiento del Fondo de Desastres Naturales (FONDEN). Se discuten algunos problemas relacionados con la verificación del uso dado a las donaciones internacionales.

Luego se estudia con mayor detalle el método de evaluación del impacto socioeconómico de los desastres, presentado anteriormente en una sesión plenaria, explicándose más ampliamente los distintos tipos de daños que se pueden reconocer en estas situaciones: directos, indirectos y secundarios. Se intercambian ideas acerca del uso de análisis de costo-beneficio en la programación de actividades relativas a la reducción de desastres.

Conforme a las políticas del Banco Interamericano de Desarrollo sobre desastres, se opera antes, durante y después de las emergencias, buscando siempre la implementación de mecanismos ágiles. Se procura interesar a los países en el estudio de sus propias condiciones de vulnerabilidad y en la utilización de este conocimiento en sus acciones. Se enfatiza el importante papel que corresponde a las entidades bancarias y se analizan diversos problemas relacionados con el otorgamiento de préstamos.

Los desastres frecuentemente ciegan las políticas de desarrollo sostenible en lugar de incentivarlas. No existen metodología o estudios integrales, que incorporan los costos socio-económicos para la rehabilitación y reconstrucción en sus evaluaciones del impacto. Por lo tanto, se carece de estudios comparativos sobre los beneficios reales de la prevención a la luz de lo que “no se hubiera perdido” para no tener que hacer inversión en reconstrucción.

Retos

  • Es necesario hacer evaluaciones comprehensivas con participación de los diferentes actores sociales, demostrar que la inversión en prevención es rentable, usar un enfoque de costo-efectividad y premiar proyectos eficaces en materia de prevención.
  • Se plantea la necesidad de perfeccionar las metodologías para el análisis de costo-beneficio de la prevención, no solo del impacto socio-económico, mediante nuevas investigaciones.
  • Si se puede demostrar económicamente que la prevención reducirá proporcionalmente los costos de inversión post-desastres (rehabilitación y reconstrucción)
  • Se propone el establecimiento de un fondo para la prevención con carácter de seguro, inicialmente para América Central, para atenuar las consecuencias económicas de desastres naturales en la región y proporcionar los incentivos económicos para las medidas preventivas y de reducción del riesgo; especialmente a nivel de las comunidades. El esquema permitiría a las municipalidades centroamericanas asegurar sus activos públicos e infraestructura contra la pérdida, el daño o la destrucción como resultado de desastres naturales. Un primer paso de progresión tendría que ser un estudio para determinar el grado de los riesgos contingentes en los términos actuariales y por lo tanto el nivel necesario de capitalización.

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