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Editorial

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La Reducción de Desastres para el Desarrollo
Sostenible de las Zonas Montañosas

Ya sea que vivamos en zonas costeras o a mayor altitud, todos tenemos vínculos con las montañas y éstas nos afectan de muy diversas maneras. Más de la mitad de la población del mundo depende del agua dulce que se origina en las montañas. Éstas son además una importante fuente de energía y otros recursos esenciales, como minerales, bosques y productos agropecuarios. Las montañas albergan una rica diversidad biológica y, como importantes ecosistemas, son esenciales para la estabilidad de la compleja e interrelacionada ecología del planeta. A las montañas se las considera como los barómetros del cambio climático mundial, porque los frágiles ecosistemas montañosos son sumamente sensibles a los cambios de temperatura. De hecho, los glaciares de montaña se están derritiendo a un ritmo sin precedentes. De continuar las actuales tendencias, se calcula que para fines de siglo muchos de los glaciares de montaña del mundo habrán desaparecido.
Además de la diversidad de sus ecosistemas, las montañas son ambientes “de alta energía” y son por ello muy vulnerables a las amenazas naturales. Sólo en América Latina, podemos recordar muchos ejemplos del impacto devastador de los desastres en zonas montañosas, como el terremoto de Perú de 1970 en el que murieron más de 66.000 personas y que dejó en ruinas al pueblo de Huascarán, el alud de lodo detonado por la erupción del volcán Armero del Ruiz que mató a más de 21.000 personas en Colombia, o los deslizamientos de lodo de Venezuela que segaron la vida de más de 10.000 personas en Venezuela en 1999. Ejemplos más recientes incluyen los terremotos del año pasado en Perú y las devastadoras inundaciones que golpearon La Paz, Bolivia este año.


¿A qué responde la vulnerabilidad de las montañas y sus habitantes?

Varios factores, geológicos y humanos, contribuyen a la elevada vulnerabilidad de las zonas montañosas, sus habitantes y las áreas aledañas.

En primer lugar, la índole esencialmente vertical de las montañas y sus empinadas laderas, vuelven su superficie sumamente inestable y vulnerable a muchas amenazas naturales, como terremotos, deslizamientos de tierra y detritus, y avalanchas de nieve. Las erupciones volcánicas y las inundaciones por el desbordamiento de los lagos glaciales son otros fenómenos comunes.

Debido al calentamiento planetario, se prevé que las zonas montañosas se tornarán más peligrosas aun, conforme el derretimiento de los glaciales acelera la erosión del suelo y la probabilidad y frecuencia de aludes, inundaciones y avalanchas. Se cree que otra consecuencia del calentamiento planetario será un mayor riesgo de enfermedades infecciosas. Según algunos científicos, los mosquitos que transmiten la malaria, el dengue y la fiebre amarilla están hallándose cada vez a mayor altitud conforme se eleva la temperatura.

Los factores humanos también contribuyen a la vulnerabilidad de las zonas montañosas. La tala de los bosques de altura acelera la erosión y por ende la vulnerabilidad a inundaciones repentinas, aludes y avalanchas. Los actuales patrones de migración, de las zonas rurales a las urbanas, y de los terrenos altos a las planicies, crea elevadas concentraciones demográficas en los valles, agravando el deterioro ambiental y la vulnerabilidad a desastres a gran escala provenientes de las montañas. La pobreza es un factor que agrava el riesgo, sobre todo cuando la gente no puede acceder a terrenos seguros y técnicas apropiadas de construcción.


¿Por qué concentrarse en la reducción de desastres y las montañas?

Las Naciones Unidas proclamaron el 2002 el Año Internacional de las Montañas (AIM) para crear conciencia sobre las implicaciones mundiales de las montañas y su sostenibilidad. El Año Internacional representa un paso importante en el largo camino iniciado en Río de Janeiro, Brazil en 1992 durante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo (CNUMAD), conocida como la Cumbre de la Tierra. Uno de sus mayores productos fue el Programa 21, un plan de acción mundial para el desarrollo sostenible hasta bien entrado el Siglo XXI. El capítulo 13 trata sobre las montañas y demuestra su importancia dentro del debate mundial sobre ambiente y desarrollo.

Para contribuir al AIM, la Secretaría de la EIRD decidió que la Campaña Mundial para la Reducción de Desastres de este año se concentraría en la reducción de desastres y el desarrollo sostenible de las montañas. El primer objetivo de la Campaña del 2002 es crear conciencia sobre esfuerzos exitosos en reducción de desastres en zonas montañosas, de modo que las poblaciones vulnerables de tales áreas puedan beneficiarse de las experiencias de otros. El segundo objetivo es crear conciencia en general sobre la importancia de la reducción de desastres, de modo que puedan compartirse previas y nuevas soluciones orientadas a la reducción de la vulnerabilidad y el riesgo.

Este número de EIRD Informa también está dedicado al tema de las montañas, e incluye varios artículos sobre la reducción de desastres en las zonas montañosas. Podrá encontrarse mayor información sobre la Campaña en las páginas 5-6, y sobre la reducción de desastres en las montañas en las páginas 27-41.


Acontecimientos mundiales y regionales

La reducción de desastres, el desarrollo sostenible y las montañas serán todos temas de discusión este año en la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible (CDMS) que se celebrará del 26 de agosto al 7 de septiembre en Johannesburgo, Sudáfrica, 10 años después de la Cumbre de la Tierra. Se espera que acudan más de 50.000 personas a la Cumbre, las actividades paralelas y multisectoriales.

Aunque la reducción de desastres se menciona en varios capítulos del Programa 21, no se presentó como un determinante del desarrollo sostenible. En el actual Programa de Acción que se está negociando para Johannesburgo, la inclusión del tema de la reducción de desastres es uno de los objetivos centrales, como lo solicitaron los gobiernos durante las consultas regionales y reuniones preparatorias en Nueva York y en Bali. Si desea saber más sobre la Cumbre.

En América Latina y el Caribe, una importante actividad reciente fue la Conferencia Hemisférica sobre la Reducción del Riesgo de Desastres, que se celebró en San José, Costa Rica, en diciembre del 2001. La conferencia congregó a unos 550 expertos y profesionales de las Américas y se concentró en la prevención y la mitigación y sus vínculos con el desarrollo sostenible. Se trató de un primer paso concreto en la implementación de la Declaración de Ciudad Québec y el Plan de Acción Conexo adoptados en la Tercera Cumbre de las Américas, celebrada en Canadá del 20 al 22 de abril del 2001, donde se definió la gestión de los desastres como una de las prioridades estratégicas de la región para los años venideros. (Pase a la página 42 si desea mayor información)

Esperamos que disfrute de este número. Bienvenidos los comentarios y las sugerencias, sobre todo si nos ayudan a mejorar la revista. También querríamos estimularlo a que nos envíe información sobre sus propias experiencias y las lecciones aprendidas en el terreno de la reducción de desastres, para que podamos compartirlas con el resto de la región.

Si desea mayor información, comuníquese con la Unidad Regional de la EIRD para América Latina y el Caribe (eird@eird.org) o visite los Forwards sitios Web:

www.unisdr.org
www.crid.or.cr


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